'La cinta blanca', digresión y reflexión


Hoy por fin, después de varios meses esperando, he acudido a mi cita con Michael Haneke, que desde su remake de 'Funny Games' nos tenía abandonados. Entré en la sala de cine esperando asistir a la que, durante todo este tiempo y desde que se hiciera con la Palma de Oro en el festival de Cannes hace ya 7 meses, no dejaron de llamar obra maestra 'La cinta blanca'. Y yo personalmente no me atrevo a tanto.

La historia gira en torno a unos extraños sucesos que ocurren en un pueblo protestante al norte de la Alemania anterior a la Primera Guerra Mundial, donde la religión más dogmática es el pan nuestro de cada día. Un granero arde y dos niños son secuestrados y maltratados brutalmente, y es en esta confusión casi literaria donde reside el centro mismo del filme. La desconfianza comienza a crecer como un virus mientras todos se preguntan quien puede estar detrás de estos desafortunados incidentes, mientras los niños, protagonistas absolutos de la película, enarbolan cintas blancas que representan la pureza como castigo por una ligera fechoría. Los habitantes de esta región se nos empiezan a dibujar muy poco a poco, dejando caer la información con cuentagotas, con presentaciones al principio ambiguas y conforme avanza la cinta algo mas concretas, pero en ningún momento llegando a satisfacer la curiosidad del espectador. La violencia, como en todas las películas del realizador Alemán (aunque el haya llegado a rechazar su nacionalidad), se puede respirar en el ambiente, aunque en prácticamente ningún momento se nos muestre de forma explicita, al contrario que en 'Funny Games', donde es de todo menos implícita.

La fotografía, de mano de Christian Berger, que ya trabajó con Haneke en '71 fragmentos de una cronología del azar', 'El video de Benny', 'La pianista' y 'Caché', es un autentico ejercicio de arte, llegando a ser de lo más destacable del filme. Un brillante y nítido blanco y negro nos acompaña durante todo el metraje, sin menospreciar en absoluto los exteriores líricos ni los interiores opresivos. Pero por desgracia una brillante fotografía no es suficiente para hacer que es espectador se sienta atrapado por la historia.



Haneke nos narra esta historia a base de cine contemplativo, con largos planos estáticos donde la acción se sucede dentro y fuera de nuestra vista, y algún que otro travelling de gran precisión. Pero es esta cualidad de cine contemplativo la que hace que la historia avance de manera anárquica. Varios arcos argumentales caminan rozándose sin llegar a tocarse visiblemente en ningún momento, pero este hecho no responde sino a la pregunta que el director usa como pretexto para este filme:

Traté de imaginar la infancia de aquellos que luego fueron nazis, de preguntarme, ¿Qué es lo que hizo posible que los niños de entonces se convirtieran en los adultos que siguieron a Hitler? Las raíces del nazismo, pues. Mejor dicho, las raíces del mal.

Con esta declaración, podemos imaginar que su meta era explorar la condición humana de la gente de este pueblo, haciendo una analogía con el nazismo alemán. Un relato con retazos sociológicos, pero fallido si tenemos en cuenta que el discurso político no se deja intuir con toda la claridad que debiera si pretendía dar un golpe de efecto. No obstante, y sin olvidar que estamos ante una creación del mismo realizador que 'La pianista', obra que en la que ya puso a merced de los espectadores un final sin cerrar en el que la imaginación y la libre interpretación era necesaria, estamos ante un filme que te atrapa en las formas y en la atmosfera que ha creado para la ocasión, pero cuyo contenido sobrevalora la inventiva del espectador, llegando incluso al punto de que para dilucidar un final, o en todo caso, cerrar los arcos argumentales, hay que echar mano de las declaraciones del realizador alemán.

Con todo esto no quiero decir que 'La cinta blanca' no sea recomendable, en absoluto. Infinidad de interpretaciones pueden acompañar al visionado del filme, y por lo tanto, cada persona habrá salido de la sala de cine con un sabor de boca distinto. Claro que Haneke, en otra de sus declaraciones, es rotundo a la hora de afirmar que su cine no es para no entenderlo, sino para interpretarlo individualmente.

Todos los públicos entienden la película, pero la toman de una manera diferente. Hay tantas películas posibles como espectadores en la sala. Es lo mismo que ocurre con un libro. Una película es una rampa que tiene que saltar el espectador, que es quien vive la experiencia.

Este tipo de cintas, por lo tanto, exigen al espectador que interprete y, en el caso de la obra que nos ocupa, en el que la propia voz en off que nos acompaña durante el metraje cobra un papel muy importante, que termine el filme en su cabeza. Mi opinión al respecto es que es bastante peligroso poner toda una película a navegar por las mentes de la gente. En el cine tenemos muchos ejemplos de que es posible hacer trabajar la imaginación del espectador sin llegar a ser tan críptico, como puede ser 'Memento', 'Taxi driver' o mismo 'La pianista', donde la historia esta perfectamente hilvanada pero deja abierta un par de puertas.



En cuanto a la dirección de actores, solo se puede decir que es terroríficamente brillante y efectiva. No son personajes detrás de una pantalla, son recreaciones traídas desde 1913 para que nuestros ojos las disfruten. Cada uno de los interpretes de esta cinta cumple con su cometido con talento y esmero, destacando especialmente a Burghart Klaußner en el papel del Pastor, a Leonie Benesch en el de Eva, la amada del maestro y narrador del filme, y a Leonard Proxauf y Maria-Victoria Dragus como dos de los hijos del Pastor. Nos regalan unas interpretaciones dignas de los más grandes, llenas de matices y sentimiento.

Ahora bien, y después de haber resaltado los problemas que le encuentro al filme, no todo son penurias. Pese a que la intrincada trama puede hacer que uno se desvíe levemente del objetivo, si se le presta atención y se le dedica unos instantes de reflexión, se manifiesta como una creación muy madura en la que la maldad y el germen del miedo son protagonistas, y sin duda alguna, estamos ante una obra mayor tanto dentro de la filmografía de Michael Haneke como del cine europeo. Un triunfo para el director y una profunda reflexión para su público.

5 comentarios:

i-chan | 16 de enero de 2010, 6:06

Algunos conocidos míos han quedado totalmente extasiados con esta película, calificándola como la gran obra maestra de Haneke y una de las mejores películas que llevamos en lo que va de siglo. No suelo coincidir especialmente en gustos con ellos, pero no cabe duda que esta cinta es de visión obligada.

Ann | 16 de enero de 2010, 22:56

Es la primera película de Haneke que ví. La vi al 3º día del Festival de Cine Europeo de Sevilla: durante esos tres días, nunca la sala había aplaudido al final.

No sé si es de visión obligada, pero sí que es una buena película que mantiene los planos hasta que debe hacerlo (escuché quejas de que eran demasiado largos) y hace un gran uso del sonido en off.
Pero es verdad que no pueden dejar tanto a la imaginación del espectador. Y lo de "representar los inicios el nazismo" sólo se ve si sabías desde antes que quería hacer eso.

Frizork | 20 de enero de 2010, 15:00

No he leído esta crítica porque tengo la película pendiente de ver y seguramente la vea este fin de semana. Cuando la vea volveré por aquí para comentarla a ver si me gusta tanto como a toda la gente que he oído hablar de ella... (ojalá :D)

Frizork | 29 de enero de 2010, 15:17

Bueno, finalmente la he visto ayer en el cine, y me ha gustado bastante. Es cierto que cada uno salimos con una interpretación completamente diferente, incluso creo que si la volviera a ver otra vez mi interpretación cambiaría un poco.

Frondoso | 30 de enero de 2010, 19:10

Para mi opinión sobre la película remito, a quien la haya visto, a mi blog (http://frondoso.blogspot.com). Perdón por el autobombo, pero intenté publicar el comentario en este blog y, como era bastante largo, el sistema no me lo permitió.

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