'En tierra hostil', la vida de un artificiero


Las mujeres, por razones que desconozco, no abundan en el cine detrás de las cámaras. Solo hay que echar un vistazo a las carteleras para ver que la gran mayoría de estrenos vienen firmados por hombres. Pero pese a todo, tenemos por el mundo adelante un buen puñado de directoras que nos han regalado muy buenas obras y cuyo buen hacer está fuera de toda duda. Por mencionar algunos ejemplos, ahí tenemos a Sofia Coppola, hija del ilustre Francis Ford Coppola, que, aunque no figuran entre mis cintas favoritas, ha rodado filmes que hoy en día son ya referentes de culto como 'Lost in translation' o 'Las vírgenes suicidas'. Tenemos también a Jane Campion, que dejó su firma en la maravillosa 'El piano', o a la española Isabel Coixet, autora de 'Mi vida sin mí' entre otras. Pero hoy quisiera hablar de la realizadora que se encargó de hacer posible un filme que, por otra parte, ya debería haber visto la luz en nuestro terruño en el ya lejano 2008. Me refiero a Kathryn Bigelow y su última obra: 'En tierra hostil'.

Empezar comentando que el guión viene en este caso con la huella de Mark Boal, que también tiene en su haber como escritor la cinta de Paul Haggis 'En el valle de Elah', y que actualmente se encuentra trabajando de nuevo con esta realizadora en su siguiente proyecto, 'Triple Frontier', que nos contará la historia una red de crimen organizado situada en la triple frontera que los ríos Iguazú y Paraná crean entre Paraguay, Argentina y Brasil.



Nos encontramos en Irak, viendo cada uno de los movimientos que una brigada de artificieros desplegada en este infierno llevan a cabo. Mucha tensión y dramatismo son los ingredientes principales de este coctel que nos transporta al día a día de estos soldados, pero que poco tiene que ver con otras cintas bélicas como 'Salvar al soldado Ryan' o 'Valkiria', siendo tal vez más certera una pequeña comparación con 'Apocalypse Now'. Este drama bélico no persigue tanto un objetivo centrado en la acción como en los sentimientos, a menudo encontrados, que padecen los protagonistas, y como en el filme de Francis Ford Coppola, mostrarnos el horror que les acompaña, aunque con un desenlace diametralmente opuesto. También nos habla de la vocación, de la necesidad de hacer lo que uno quiere y ha elegido hacer, y de cómo estas decisiones nos llevan por caminos a menudo desconocidos.

El sargento James es un hombre impredecible y arriesgado, que tras el fallecimiento del Sargento Thompson, asume el mando de una brigada de artificieros. Durante el metraje, somos testigos de la evolución del personaje, y de cómo esta sucesión de acontecimientos provocan un crecimiento en él, que si bien no se puede decir que sea bueno o malo, es, cuanto menos, interesante.

'La guerra es una droga', reza el prólogo del filme, una afirmación que esta Californiana utilizó para dar comienzo a la película. La valentía y el arrojo de los personajes es el leitmotiv de la cinta, y la reflexión que abre a este respecto es suculenta desde un punto de vista psicológico. ¿Qué es lo que nos lleva a actuar como actuamos? ¿Por qué es tan importante para nosotros esta coherencia interna? Bigelow aporta aquí su granito de arena a este infinito debate, y, en clave de guerra, nos enseña su visión de esta reflexión.

A diferencia de los combatientes que lucharon en Vietnam, los soldados que han ido a Irak son todos voluntarios: ¿Por qué escogieron estar ahí? Para muchos es tan solo un empleo, otros serán patriotas, pero, en mi país, las campañas de promoción de alistamiento enfatizan el componente divertido del ejército. Hay un enfoque psicológico muy interesante de estas promociones según el cual la guerra es excitante, por lo que mucha gente desarrolla una necesidad de conflicto, una adicción o atracción al combate, a la guerra.

Por otro lado, los méritos cinematográficos son también amplios, aunque me gustaría hacer referencia al uso de las cámaras. Quizás en este filme haya un pequeño abuso de lo que normalmente llamamos 'cámaras con parkinson'. Si bien es cierto que en las películas de acción nos solemos encontrar con rápidos movimientos y zooms imposibles, no hay que olvidar que un abuso de estas técnicas pueden llevar a que no sepamos bien lo que estamos viendo. Es lógico que Bigelow haya apostado por esto teniendo en cuenta tanto el género como lo que quiere transmitir, pero incluso nos llegamos a encontrar con planos que muestran una conversación que llevan consigo este vaivén. Me imagino que haciendo esto su intención era que el espectador sintiera parte de ese desasosiego y continua sensación de alerta que sufren los soldados, y aun más especialmente los artificieros, cuya tensión no me quiero ni imaginar, teniendo en cuenta que su trabajo, como bien se nos muestra en la película, es una continua apuesta en la que un 50% te separa siempre de vivir o morir, pero esta continua tensión visual que nos impregna durante el visionado del filme no consigue tanto enfatizar estas sensaciones como cansar al público con vertiginosos y fugaces movimientos. Por poner un ejemplo, en la anteriormente citada 'Salvar al soldado Ryan', y pese a que gran parte de su metraje corresponde a escenas de pura acción belicosa, durante los interludios las cámaras nos dan un pequeño respiro, y los momentos de calma son eso, momentos de calma, y no por ello se pierde la furia ni la tensión que trae consigo la película.


Las interpretaciones, cambiando de tercio, son todas, sin excepción, sobresalientes. El semidesconocido Jeremy Renner aguanta perfectamente el peso de la acción, y nos regala, sin ninguna clase de histrionismo, un crecimiento personal muy creíble, y los secundarios, Anthony Mackie y Brian Geraghty, cumplen con nota, redondeando un reparto principal vacío de estrellas, pero que en boca de la propia Kathryn Bigelow, es una manera de que el público sienta esa impredecibilidad, ya que si pusiera a Tom Cruise al frente del reparto, todo el mundo sabría desde el principio que no va a morir. Otra cosa a tener en cuenta son los cameos de lujo, en los que encontramos a Guy Pearce, a Ralph Fiennes o a una de las protagonistas de la serie que pronto verá su esperado final, Evangeline Lilly, de 'Lost'.

De manera que, nos encontramos ante un filme de una calidad muy alta, que pese a sus excesos visuales funciona a la perfección, y cuya dirección de actores e historia engancha desde el primer fotograma. Un gran acierto de esta directora, que tiene un currículo engrosado por cintas de gran calidad como son 'Días extraños' o 'Le llaman Bodhi'. Es una película que, pese a todo lo que se la haya podido cuestionar respecto de su orientación, representa claramente el cine antibélico. Muy recomendable.

3 comentarios:

Frizork | 2 de febrero de 2010, 13:05

Tiene buena pinta, la incluiré en mi lista de cosas por ver :D

i-chan | 3 de febrero de 2010, 14:22

Espero que las nominaciones a los Oscar inciten a que el público vaya a verla, ya que la recaudación que hizo esta semana en nuestro país ha sido muy pobre.

Anónimo | 22 de febrero de 2010, 19:13

Es curioso, parece ser que soy el unico al que le aburrio soberanamente esta pelicula...

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