Los hermanos Coen (I), 'Sangre fácil'


Los hermanos Coen son dos personajes de sobra conocidos por todos, aunque es bastante difícil saber donde empieza uno y donde termina el otro. Estos dos judíos comenzaron sus andanzas allá por 1984, cuando por fin se aventuraron a dar rienda suelta a su vasta imaginación y capacidad narrativa con la hoy en día considerada de culto ‘Sangre fácil’. Aun así, cabe destacar que Joel Coen, el mayor de los hermanos y que durante toda la carrera que ostentan este par fue el que mantuvo el puesto de director a ojos de la ley, ya había hecho sus pinitos antes siendo asistente de Sam Raimi y Frank LaGoggia. Más adelante, el director de ‘Posesión infernal’ colaboraría con ellos co-escribiendo una de sus más desconocidas obras, ‘El gran salto’, y ellos colaborarían con el participando activamente en el guión de 'Crimewave'.

Pretendo con todo esto hacer un ciclo de estos dos hermanos que tanto han aportado al cine y que lo seguirán haciendo, analizando cada una de sus cintas e intentando de la mejor manera que pueda acercar un poco a los lectores la obra que estos chicos nacidos en Minnesota han venido realizando desde hace bastantes años.


Siguiendo un orden cronológico, la primera película de este particular tándem es la antes mencionada ‘Sangre fácil’, en la que ya podíamos empezar a vislumbrar muchos rasgos que caracterizarían sus filmes venideros. Esta película nos cuenta la historia de un matrimonio venido a menos, en la que una mujer busca la felicidad que no obtiene de su marido en los brazos de otro hombre. Esta mujer, interpretada con solvencia por la posteriormente esposa de Joel Coen, Frances McDormand, y que los hermanos han convocado en varias ocasiones para sus filmes, no se ve venir la cantidad de desgracias que acompañarán al hecho de haber abandonado su lecho para irse al de un empleado de su marido. Comenzamos aquí a ver como los Coen hacen un uso de la intriga superlativo, guardándose detalles para el final y utilizando recursos que en el momento de la filmación de este largometraje aun no estaban todo lo explotados que estarían en un futuro. El humor negro negrísimo ya les parecía extremadamente seductor por aquel entonces, y no dudaron a la hora de crear situaciones hilarantes entretejidas con esmero alrededor de una trama, en el caso que nos ocupa, lineal y con una realidad coherente, algo que en futuras cintas abordarían con mayor experiencia y tratarían de experimentar con ello.

La cinta posee muchas virtudes y no menos defectos. Entre sus puntos a favor hay que mencionar que se apoya en un guión sin fisuras y que no deja ningún cabo suelto, si bien hay que tener en cuenta que para este filme han utilizado una estructura apoyada en el diseño más clásico, donde se huelen las influencias del cine negro de la época. Pero tampoco hay que olvidar que se deja ver entre sus fotogramas cierto aire minimalista, donde los personajes siguen un duelo interior manifestado en clave de thriller, y donde los múltiples papeles que se entremezclan dándole a la obra cierto aire coral hacen que el espectador vaya atando cabos en su cabeza mientras se le van dando datos que le ayuden a completar el circulo.

No obstante, esta composición no definida alrededor de unos personajes que no se nos muestran transparentes ni libres de prejuicios pueden enturbiar la coherencia del relato, que por momentos sigue una lógica poco convencional (la escena del quemador o la escena del entierro), aunque no por ello menos estudiada. Las actuaciones son, por otro lado, poco brillantes, y aunque cumplen sin problemas, no son el principal aliciente del filme, que en este caso radica en el montaje, que ambos hermanos firmaron bajo el pseudónimo de Roderick Jaynes, como siguieron haciendo en prácticamente todos sus filmes posteriores.

Es por todo esto que estamos hablando de una ópera prima llena de premoniciones hacia ellos mismos, que no hizo sino sentar las bases de su particular narración. ‘Fargo’, una de sus más aplaudidas cintas, bebe directamente de este debut, aunque de eso hablaré en posteriores análisis.


No hay que pasar por alto tampoco la puesta en escena, sórdida y comedida, donde los protagonistas se mueven en todo momento, transmitiendo al público un desasosiego que viene motivado por la impredecibilidad que impregnan los actos de los personajes, pero en cuyas actuaciones no se intuyen de la misma manera. Quiero decir con esto que la planificación del comportamiento de los protagonistas roza lo enfermizo, y aunque si es cierto que la lógica que siguen puede ser muy diferente a lo que llamaríamos sentido común como comentaba antes, resulta natural y perfectamente verosímil en pantalla, y nos olvidamos de que su comportamiento es ilógico para que la sensación de inestabilidad se adueñe de nosotros. Durante todo el metraje no faltan momentos de pura tensión, aunque quizás no tan exaltada como en la posterior ‘Misery’ de Rob Reiner, y tampoco falta miedo a que el marido abandonado se encuentre con un bonito percal, aunque una vez más tampoco tan protagonista como lo pueda ser en ‘Match Point’ de Woody Allen. Las sensaciones que acompañan al visionado del filme son así mucho más comedidas al ser varias entretejidas, pero que la dotan de una cohesión final muy interesante.

¿Qué nos queda entonces después de todo esto? Una notable cinta de intriga, cuya historia es un perfecto ejemplo de cómo utilizar un guión sin rimbombantes excesos en beneficio del propio filme, realizando un buen trabajo de post-producción y haciendo gala de mano firme a la hora de rodar cada una de sus escenas. Es una cinta de visionado obligatorio si se quiere profundizar y conocer el génesis de los hermanos Coen, aunque tampoco extremadamente necesaria si ya has disfrutado de sus posteriores cintas y esperas encontrarte en ella algo novedoso, pues todos sus puntos a favor ya han sido explotados más adelante y sus defectos, si bien no eliminados, pulidos hasta convertirlos en parte de su estilo.

En la siguiente entrega, empezaré a hablar de la incursión en la comedia de los hermanos con ‘Arizona Baby’ y de lo que esa primera toma de contacto con lo cómico influyó enormemente en sus trabajos más aclamados dentro de este género.

2 comentarios:

i-chan | 9 de febrero de 2010, 4:51

A excepción de 'Fargo', que me gusta mucho, no me suele entusiasmar demasiado el cine de los Coen. Veo sus películas con agrado, pero de la mayoría de ellas apenas guardo demasiados recuerdos, ni siquiera de las que he visto varias veces, lo que quiere decir que su cine no deja gran huella en mi.

Más conexiones entre Raimi y los Coen: 'Un plan sencillo', del primero, tiene una acusada influencia de 'Fargo'. Por cierto, y aunque a alguien pueda sorprenderle este dato, Sam Raimi sí que me suele gustar mucho, me parece un artesano con un gran brío narrativo y un sentido del humor autoparódico que me encanta.

and-Y | 27 de mayo de 2010, 20:26

lo último que he visto de ellos es Fargo...obviamente me gusto. Me faltan un par de sus películas pero ninguna me decepciono. Quemar después de Leer es la que más me divierte.
Simpático Blog…pasare seguido (=

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