Los hermanos Coen (II), 'Arizona baby'


En la primera entrega de este ciclo dedicado a los hermanos Coen hablaba de su ópera prima y de cómo esta sentó unas bases de lo que más adelante sería una de sus señas de identidad y que caracterizarían su filmografía. Pues bien, ahora le toca el turno, y por orden cronológico, a su segundo largometraje como realizadores, que no es otro que ‘Arizona Baby’, una comedia al estilo Coen pero aun más negra e irreverente si cabe, algo que posteriormente suavizarían un poco quizá con fines narrativos, pero se trata de una muy divertida cinta de humor negro que pertenece al subgénero de las road movie.

Lo primero a mencionar es la presencia de Barry Sonnenfeld como director de fotografía, que en esta cinta lleva a cabo una labor indispensable, pues los tonos amarillentos propios del desierto de Arizona, y la calidez de la imagen son una constante en la película, llegando a ser indispensable para verte atrapado por la atmosfera árida y seca, que estará en contraposición con el contenido del filme, una comedia demencial y alocada. Destacar que este hombre ya trabajó con los Coen en la anteriormente analizada ‘Sangre fácil’ o en la posterior ‘Muerte entre las flores’, una maravilla del cine negro, además de también haber trabajado en ‘Misery’ con la misma ocupación o haber dirigido el díptico ‘Men in Black’.

Pues bien, el filme comienza poniéndonos en antecedentes mostrándonos a un correcto Nicolas Cage, y aquí podremos apreciar que este actor siempre tuvo predilección por papeles que le dejen desatar un poco su histrionismo, que es un delincuente de poca monta que se gana la vida robando pequeños establecimientos porque por algún extraño motivo, y aunque sabe que lo van a volver a encarcelar, disfruta haciéndolo, y, entre otras cosas, porque le encanta Holly Hunter, que no es otra que la policía encargada de meterlo en chirona una y otra vez. Esta primera escena del filme es maravillosamente hilarante y, haciendo uso de algo que podríamos llamar ‘anáfora cinematográfica’, nos muestra como una y otra vez McDunnough, el personaje de Cage, vuelve a la misma situación carcelaria, y lo que en primera instancia podría parecer monótono, como cabria interpretar esta redundancia, acaba siendo un motivo de risas continuas.


Pero el problema viene cuando este singular ladronzuelo se enamora de nuestra policía, Edwina, a la que da vida Holly Hunter. No sería muy correcto que una respetable agente de la ley mantuviera una relación amorosa con un peligroso exconvicto, de manera que Edwina decide colgar la placa y entregarse a los brazos de este pequeño John Dillinger. La pareja inicia una vida tranquila, pero un mal día descubren un panorama que alterará la paz de su hogar: la pareja no puede tener hijos, y están decididos fieramente a tenerlos, y aquí podríamos decir que comienza la historia.

Las peripecias de la pareja por conseguir un retoño son de todo menos convencionales, y en absoluta clave de parodia, recurso que estos hermanos han demostrado saber manejar como nadie, emprenden una demencial carrera por conseguir el soñado hijo. Vemos así como los Coen manejan las pequeñas incongruencias de la personalidad, convirtiendo al personaje de Holly Hunter en una secuestradora sin escrúpulos que no es capaz de ver más allá de sus propias necesidades o, si preferís, caprichos.

Los secundarios los conforman unos magistrales John Goodman, que con su oronda figura y su carisma intachable va a hacer que siempre que aparece en pantalla no despegues la vista de ella, y William Forsythe, que desprovisto de su consagrado bigote luce irreconocible, pero interpretando a un fugado tontorrón que obedece casi ciegamente a su compañero y cerebro John Goodman está de lo más divertido. Vemos así como estos dos realizadores comienzan a completar un pequeño elenco de actores que se convertirían con los años en recurrentes en sus cintas, creando una especie de género propio en el que los personajes cambian de personalidad pero no de cara y, a su vez, en una garantía de su cine, pues siempre que vayamos a ver una cinta dirigida por los Coen sabemos que nos vamos a encontrar con solvencia interpretativa, que no con caras conocidas y relucientes del mainstream, y que haciendo uso de una dirección de actores singular y muy original conseguiremos identificar un largometraje que lleve su firma con solo unos minutos de visionado.


El guión, por otro lado, incluye entre sus líneas elementos fantásticos que pueden echar para atrás a más de uno que se espere encontrar una comedia convencional. Durante la película los hermanos decidieron dar vida a uno de los peores temores de McDunnough, y en forma de sueño real vemos a un motero que parece salio del mismísimo infierno y que esta aquí para repartir caña justiciera, sin olvidar mirar para el propio bolsillo. Este personaje, que representa la peor pesadilla del personaje de Nicolas Cage y que está interpretado con maestría por Randall ‘Tex’ Cobb, un actor irregular que no consiguió asentarse en la industria de Hollywood y cuyos escasos papeles y faltos de protagonismo lo han llevado a acabar como extra de serie de televisión, es el que aporta la comicidad más sucia a la cinta, haciendo que en sus apariciones en pantalla siempre te estés preguntando que va a ocurrir o si realmente está ocurriendo lo que estamos viendo, convirtiendo así a este personaje en un atractivo excelente, pues consigue difuminar la línea que separa la realidad de los sueños, en este caso pesadillas. A este respecto podríamos establecer un leve paralelismo con la posterior ‘Barton Fink’, que trabajará la antiestructura de un modo parecido a como acostumbra hacer David Lynch, aunque en la cinta que nos ocupa esta disolución de la realidad y la imaginación no llegue al punto de crear controversia como si lo hizo en la anteriormente citada ‘Barton Fink’.

¿Qué nos queda entonces después de todo esto?
Una divertidísima comedia, que hará las delicias del público aficionado al humor de este par de hermanos, y que aunque sin llegar a la maestría de su comedia por excelencia ‘El gran Lebowski’, es un muy hábil ejercicio de creatividad, aunque con un guión menos logrado que esta última.

En la siguiente entrega hablaré de la primera obra maestra de los hermanos Coen, ‘Muerte entre las flores’, y de cómo consiguieron dar una vuelta de tuerca a un género que, de manera inevitable, siempre se basó en demasiados clichés.

2 comentarios:

Maid Marian | 10 de marzo de 2010, 2:47

Me acuerdo cuando la vi, recién estrenada, lo que me gustó y lo original que me pareció. Y sigo pensando lo mismo.

Un apunte: por una vez, la traducción del título al castellano es apreciable.
Porque la podían haber titulado "Las locas aventuras de una pareja y un bebé", o algo peor.

and-Y | 27 de mayo de 2010, 20:11

Esta pelicula me encanta....aun no e visto el gran lebowski, aunque estoy seguro que me gustara.

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