'Conocerás al hombre de tus sueños', y la frivolidad se hizo carne


Este año, como viene siendo habitual desde hace una treintena, Woody Allen no faltó a su cita anual, protagonizada esta vez por Conocerás al hombre de tus sueños’, libre traducción de ‘You Will Meet a Tall Dark Stranger’. Y yo, como buen fan del neoyorquino, no pude faltar a una de esas fechas que están marcadas en rojo en mi calendario. Esta vez, nuestro particular enamorado de Oviedo, nos narra una historia no muy alejada de su anterior obra, ‘Si la cosa funciona’, aunque la crítica la haya tratado como si la hubiera dirigido un Woody Allen en piloto automático y carente de toda emoción. Digo que guardan una estrecha relación porque ambas se centran en las relaciones humanas a un nivel que, disfrazado de falsa superficialidad y usando la comedia triste, se muestra como un profundo ensayo que desmenuza las idas y venidas de unos caracteres en continua crisis y que, dando igual como se les muestre la vida, serán incapaces de encauzar sus existencias hacia ningún paradero conocido o al menos no destructivo. Es una obra coral, que mediante un magistral uso de la metáfora social, nos invita a pensar que la sociedad está levemente carcomida por frivolidades que convertimos en montañas, todo ello sin perder nunca un extraño sentido del humor, muy marca de la casa.

Pero claro, no hay cara sin cruz, y esta cinta no iba a ser menos. Pese a que sus actuaciones son todas muy correctas, como no podía ser de otra forma teniendo en cuenta que el señor Allen es uno de los más efectivos directores de actores de la historia del cine y su reparto de lujo, que cuenta con la siempre magistral Naomi Watts, un entrado en kilos para la ocasión Josh Brolin (tuvo que engordar 20 kg. para su rol en este filme), un Anthony Hopkins que, aunque muy lejos de ‘El silencio de los corderos’, sigue convenciendo como antaño, una Gemma Jones que conseguirá que te de grima cada vez que aparece en pantalla, una Freida Pinto en emergencia (debutó con la multioscarizada ‘Slumdog Millionaire’ y ahora se encuentra filmando la nueva precuela de ‘El planeta de los simios’) y un Antonio Banderas en buena forma, en un papel que le viene a la medida y que él enfrenta con naturalidad, no puedo pasar por alto el hecho de que hay algo que no funciona. Por un lado, el papel de Lucy Punch nos recuerda demasiado al de Evan Rachel Wood en ‘Si la cosa funciona’, algo no muy descabellado teniendo en cuenta que el realizador siempre trabaja sobre los mismos renglones (salvo excepciones como ‘Match Point’), pero negativo si tenemos en cuenta que ha pasado muy poco tiempo desde que Larry David irrumpiera en las pantallas y que el talento interpretativo y el carisma de Lucy Punch está en desventaja frente al de Evan Rachel Wood. También entrando en la comparación, se podría decir que el personaje de Josh Brolin es el equivalente al de Larry David, que a su vez equivale al que Woody Allen interpretaría de seguir actuando, algo que, no obstante, no lo considero una crítica negativa, sino más bien una anáfora, uno de los roles por los que el neoyorquino siente más simpatía, aunque también es cierto que en esta última obra, el realizador adaptó el personaje para dirigirlo a un mayor número de potenciales empatizantes suavizando sus maneras y su subyacente misantropía.


Por otro lado, aunque la obra en su conjunto pretende dar una visión global alejada de las resoluciones baratas, falta quizás algo de impredecibilidad. Las consecuencias de las acciones de los personajes son en la mayoría de los casos esperables, y rara vez te sorprende a donde les está llevando su ignorancia moral y psicológica. Pero claro, tampoco se puede obviar que, al ser una cinta ‘de personajes’ como la gran mayoría de las firmadas por el director, goza de vida propia, y las pautas que siguen los caracteres de la cinta se van escribiendo a si mismas conforme avanzamos en la trama, que apuesta a su vez por un desarrollo estático y rítmicamente estable, sin traspiés ni saltos vertiginosos.

La historia es, siguiendo lo que nos tiene acostumbrados, serena y apacible, un fiel reflejo de lo que a cualquier persona le puede ocurrir, mostrando una vez más lo patético de la condición humana cuando ha de enfrentarse a situaciones que se perciben como desbordantes y que se retroalimentan una y otra vez llegando a caer en la incongruencia, como bien demuestra el personaje de Naomi Watts, una mujer atrapada en una espiral de rutina que se muere de ganas por encontrar su lado creativo y bohemio al lado del célebre dueño de una galería de arte, papel a cargo de nuestro Antonio Banderas. Pero una vez la vida le da la vuelta a todo y sus intereses se ven en peligro, abandona toda misericordia para entregarse a una relación consigo misma victimista, que nada hace más que alimentar su creciente desencanto.



La ambientación es, como siempre, un ejercicio muy personal, que enmarca a los personajes en un contexto convencional y cotidiano, con imágenes que cualquiera de nosotros se podría encontrar por la vida (aunque sea poco convencional ver a Freida Pinto medio desnuda por la ventana), y haciendo gala de algo que es lo que mejor sabe hacer este realizador: convertir en cotidianos momentos que, por su potencia, son dignos de estar entre los más excitantes, tanto a nivel vital como profesional. La fotografía, sin alardes pero efectiva, firmada por Vilmos Zsigmond, que ya había trabajado antes con Allen en ‘El sueño de Cassandra’ o ‘Melinda y Melinda’, es tranquila y armónica, con grandes pasajes con el color amarillo a lo retro predominando y encuadres dinámicos, todo ello introducido por unos créditos muy a lo comedia de Billy Wilder, con música años 50 y tipografía clásica, como viene a ser ya habitual (sentarse en la butaca y ver esa entrada ya es todo un placer).

Todo esto y más es lo que nos ofrece la última cinta de Woody Allen, fantástico doctor de las relaciones entre personas, y aunque no voy a decir que sea la enésima obra maestra del de New York, si puedo afirmar que, pese a todo, este hombre siempre ofrece un producto de calidad que, como poco, te va a entretener y dejarte con un buen sabor de boca.

3 comentarios:

i-chan | 29 de septiembre de 2010, 3:41

Aún no la he visto, a ver si dura un poco más en cartelera y me da tiempo a pillarla, pero es que los doblajes de sus dos últimas películas fueron tan pésimos que me da cierto reparo verla doblada.

el realizador siempre trabaja sobre los mismos renglones (salvo excepciones como ‘Match Point’)

Y ni siquiera ese ejemplo sirve demasiado como excepción a la regla, ya que casi la podríamos considerar un remake de 'Delitos y faltas' xD

Y me llama la atención: "una Freida Pinto en emergencia". ¿Qué quiere decir esa expresión?

reAper | 29 de septiembre de 2010, 14:17

Si, puede que esa expresión sea extraña, y no me resultaría nada raro que no fuera correcta ahora que lo dices. Quise utilizar el término 'emergencia' como derivado de 'emerger', dando a entender que la actriz está saliendo del cascarón y dándose a conocer. Pero si, puede que no sea correcto decir eso, mea culpa.

Y si, tambien es cierto que el doblaje no es la octava maravilla del mundo, pero en fin, salvo un par de personajes (con el de Lucy Punch cometieron la misma cagada que con el de Evan Rachel Wood doblándolo) no es especialmente sangrante, se deja escuchar.

i-chan | 29 de septiembre de 2010, 15:35

Ah, vale, ahora lo entiendo. No sé si es correcto o no, yo nunca lo había leído así, y me desconcertó porque el término "emergencia" lo suelo asociar más a la necesidad de auxilio ante un accidente imprevisto xD

De todos modos, consultando ahora el diccionario, tampoco parece que lo hayas dicho mal. Aunque, para evitar ambigüedades semánticas, yo me hubiera decantado más bien por "una emergente Freida Pinto".

Publicar un comentario