'La red social', el invento de toda una generación


A primera vista podría considerársele una cinta más que aprovecha el tirón mediático de una red social como es Facebook, pero nada más alejado de la realidad. ‘La Red Social’ es un historia que bajo una apariencia simple nos narra el ascenso al poder de un chico con una mente privilegiada y visionaria que es acusado de robo de la propiedad intelectual entre otras muchas cosas que no harían sino desprestigiar el auge de el que puede sea el mayor invento de la última década.

Pero fuera de toda ingeniería asociada al ámbito informático, radica la verdadera belleza y profundidad de una historia potente y hasta cierto punto siniestra, que no es otra cosa que un cuento sobre los intereses y todo el mal que pueden hacer sobre las relaciones entre las personas. Mark Zuckerberg, encarnado por un Jesse Eisenberg que escapó de la comedia para explorar su lado más dramático, es un muchacho altamente excéntrico con unas ideas revolucionarias. Pero como todo ser humano, necesita de la ayuda de la gente que le rodea para poder convertir en realidades sus ambiciones, lo que le lleva a plantar el germen de la ilusión en sus allegados, hasta el punto de involucrarlos al máximo en su empresa, pero que en todo momento controla los hilos de la marioneta que está forjando, mientras que todos sus contribuyentes creen tener poder sobre algo que realmente escapaba a su comprensión.


Prueba de todo esto es la declaración de intenciones de la que parte la cinta, un brillante plano inicial que nos muestra un enfrentamiento entre el personaje de Eisenberg y su novia, una Rooney Mara que ya es la musa de David Fincher —repetirá con él encarnando a la protagonista de ‘Millennium’, Lisbeth Salander, en el remake de la cinta de título homónimo basada en los best-sellers de Stieg Larsson— y que representa los entresijos de cómo Mark ve el mundo, y como su extraña concepción de la realidad, hasta cierto punto poco ética, acabará por modelar una personalidad divergente que se manifestará como un verdadero paradigma de la contradicción, entendiendo esto último como lo paradójico que resulta que el invento socializador por excelencia haya sido obra de un ser humano intensamente asocial y con serias dificultades para comprender el mundo de la manera que es generalmente entendido. Lo cual nos lleva a pensar que la incongruencia interna de la mente del protagonista será la que actúe como catalizador para sentar las bases de la socialización moderna, hoy en día muy aceptada, que parte de un modus operandi frío que traslada el ámbito personal al global, disfrazando de relación cercana todo lo que ocurre al otro lado de la pantalla del ordenador.

Pero todo este imaginario responde a una constante en el cine de Fincher, que nos muestra en esta obra otro pedazo más de lo que ha marcado una filmografía que se puede identificar con el concepto de la ‘distancia interpersonal’, a saber: El personaje del narrador de ‘El club de la lucha’, interpretado por Edward Norton, es un hombre con clara incapacidad para las relaciones personales motivadas por su falta de contacto real con el mundo, que acaba por destaparse en forma de Tyler Durden, una manifestación clara y concisa de las emociones reprimidas de una forma lo mas freudiana posible, de la misma manera que el personaje que encarna Michel Douglas en ‘The Game’, un ejecutivo de alto standing distanciado en extremo del mundo y que vive en un micro-cosmos que el mismo ha creado donde cualquier cosa que no sean sus reglas está fuera de lugar, cuyo clímax llevará a una trama de redención que terminará mostrando como la condición humana es camaleónica y adaptativa. De igual manera ocurre en ‘Seven, donde un Morgan Freeman en estado de gracia es un ente perseguido por sus demonios personales, y que solo encuentra el sentido de su vida cuando reconoce sus propios errores en una joven pareja, a la cual intentará ayudar llegando así y de nuevo a la autoaceptación. Esta cualidad misantrópica y decadentista de la obra del realizador nos lleva a entender el concepto básico de ‘La Red Social’, que traslada a la era de Internet un hecho primigenio como es la socialización y la manera correcta de abordarla.


Para todo ello contó con buenos y jóvenes actores, al estilo de los inicios de Kevin Smith, donde podríamos destacar, además de los ya mencionados, a Andrew Garfield —ahora mismo codo con codo con Marc Webb en el reboot de ‘Spiderman’, en el que se meterá en las mallas del superhéroe— como director financiero de Facebook y mejor y único amigo del protagonista, a Justin Timberlake en el rol del creador de Napster, grandilocuente e insensato mesías que con su temerario y sectario modo de vida conseguirá confundir a Mark Zuckerberg hasta el punto de inmiscuirse en la compañía y motivar la trama de traición que mueve el filme, a Max Minghella, un ambicioso joven pero que, al carecer del talento de Mark se ve obligado moralmente a reclamar su parte del pastel mediático en el que se ha convertido una pedestre apuesta inicial, y a Armie Hammer, cuyo trabajo actoral es sobresaliente al dar vida a los gemelos Winklevoss, —mano derecha e izquierda de Divya Narendra, el personaje de Minghella— al más puro estilo de Jeremy Irons en ‘Inseparables’ de David Cronenberg.

Pero si algo hay que tener especialmente en cuenta es que el reclamo publicitario se basó estrictamente en las posibilidades que brinda un filme basado en la web del momento y en una campaña de marketing asombrosa encabezada por el a estas alturas de sobra conocido por todos slogan de ‘No se hacen 500 millones de amigos sin crearte unos pocos enemigos’, ya que Jesse Eisenberg se ha ganado una imagen de freak alejado del estereotipo de chico sexy de Hollywood. Todo ello lleva a pensar que los 46 millones de dólares que llevaba recaudados solo en USA a día 11 de octubre sean una maravillosa muestra de cómo una obra que cuando fue anunciada no hizo más que levantar exclamaciones en negativo se ha situado como una maravilla cinematográfica de visionado obligado.


No obstante, todo esto no habría sido posible sin Aaron Sorkin, guionista de la cinta, y Ben Mezrich, autor de la novela en la que se basa el libreto. Sorkin, entre otras cosas creador de la serie ‘El ala oeste de la Casa Blanca’ o el filme ‘Algunos hombres buenos’, da una lección de cómo se debe escribir un buen guión, es decir, con apariencia sencilla pero desarrollado hasta el final, con diálogos brillantes, un pequeño hueco para la crítica a la actual ley de la propiedad intelectual, y un prodigioso manejo del tempo fílmico sobre el papel, como ejemplifica el hecho de que, con respecto al primer borrador del guión apenas hay unas cuantas palabras cambiadas, ya que David Fincher decidió mantener la totalidad del libreto dada su convicción de que era inmejorable. Insuperable compenetración la de estos dos artistas, que ya pueden presumir de haber llevado a cabo un trabajo que, en manos de cualquier otro cineasta menos experimentado y más oportunista, o de un guionista menos experto y menos familiarizado con el lenguaje cinematográfico habría resultado meramente un pasatiempo.


Mark, no eres gilipollas, por más que te esfuerces en serlo.

10 comentarios:

Iván Blanco | 23 de octubre de 2010, 12:12

UNO. David Fincher se está convirtiendo en el mejor cronista de la época que nos ha tocado vivir. Lo que quiero decir con esto no es que sea el mejor director de la actualidad, pero sí el que mejor está retratando el espíritu de la sociedad occidental contemporánea. Desde Se7en hasta La red social, pasando por The Game, El club de la lucha, La habitación del pánico y Zodiac, pocas películas contemporáneas captan tan bien como las suyas el Zeitgeist de nuestra época: los nuevos modos de vivir, los nuevos modos de pensar, los nuevos modos de relacionarse. Esta La red social, que al principio sonaba como un proyecto tan raro (¿una película sobre Facebook?) al final ha acabado encajando como un guante en la trayectoria de Fincher. Muchos ya la consideran incluso como su mejor película.

DOS. El reparto se sale. Eisenberg siempre me gustó, pero en esta película está descomunal. Compone un personaje tan real, tan lleno de matices, de luces y sombras, que uno logra olvidarse hasta de que es un actor: uno lo ve y cree estar viendo al propio Zuckerberg. Y lo mismo con el resto del reparto. Quien más me sorprendió es Justin Timberlake, ya sabemos que por lo general la mayoría de cantantes-metidos-a-actores suelen resultar bastante mediocres, pero hay que reconocer que su papel lo borda. Y hasta que no lo he leído aquí no caí en la cuenta de Max Mighella (toda la película preguntándome de qué me sonaba ese rostro).

TRES. ¡Menuda velocidad la de los diálogos! Ahora comprendo a toda la gente que me decía que es dificilísimo seguir El ala oeste... en VOS, porque no te da tiempo a leer la mitad de los subtítulos. Me encantó especialmente el "diálogo para besugos" que abre la película (muy acorde con el tema de la misma, casi parece más un chat de messenger que una conversación "real") y ese gran final. ¡Qué finalazo! No va a crear tanta polémica como el de Origen, pero es igual de bueno.

Iacus | 23 de octubre de 2010, 15:59

i-chan y su sociedad occidental contemporánea, xdd...

Que conste que estoy de acuerdo contigo. No diría que Fincher es el que mejor retrata el zeitgeist, pero desde luego se nota que es algo que le mola hacer en todas sus películas.

También comparto tu opinión de Eisenberg, pero no la del final de la película, que me pareció... bueno, he escrito algunas palabras sobre la peli en mi blog. Cuándo harán una película en la que retraten al tipo listo como alguien que también es cabal y bien ajustado socialmente? No será porque "no venda" desde luego.

Iván Blanco | 24 de octubre de 2010, 16:33

Una película sobre un tipo listo, cabal y con facilidad para las relaciones sociales sería un muermo absoluto y además resultaría difícilmente creíble, porque la gente perfecta no existe. Todos tenemos nuestros defectos. Aparte de que siempre consuela más saber que "los ricos también lloran": alguien guapo, rico, intelectualmente brillante, con habilidad para las relaciones sociales y buena persona sólo puede despertar sentimientos negativos, aunque sea por el simple hecho de que nos hace sentir como una mierda al compararnos con él.

Iacus | 5 de noviembre de 2010, 19:38

Disculpa la tardanza al responder, pero estas últimas semanas no he tenido ni un momento.

No se me había ocurrido verlo desde esa perspectiva... Yo nunca me he comparado con nadie en base a su riqueza, ni me he considerado una mierda porque haya gente con más dinero que yo, ya lo hayan ganado montando una empresa o corriendo en la F1.

Del mismo modo, me encanta encontrarme con gente de cierto nivel intelectual y descubrir qué nuevas cosas pueden aportarme. Cuando conozco a gente más lista que yo tiendo a admirarlos más que a envidiarlos (algo que me viene de mis tiempos del instituto, en el que era más interesante hablar con un ladrillo que con el 90% del alumnado) o si no me caen bien del todo como mínimo, a apreciar su forma de ver las cosas.

Pero tampoco he dicho que los personajes deban ser perfectos. A nadie le gustan las Mary Sues salvo a sus autores, y me valdría perfectamente un personaje inteligente, socialmente ajustado y que siga siendo un negado para el baloncesto xdd.

Hablando más en serio: no digo que al personaje de Zuckerberg le pegue tener el carisma de James Bond ni mucho menos, pero no me gusta que se siga perpetuando el estereotipo de que si piensas un poco más fuerte que el ciudadano medio a narices tienes que ser un inepto social, o que lo vayas a ser toda tu vida. Creo que es nocivo para la sociedad, pues no es raro ver actitudes que son casi literalmente: "Videojuegos? no, yo soy más de follar" (reemplaza videojuegos con cualquier otro hobby que no sea un deporte).

Quizá el estereotipo sea cierto y se cumpla mucho más de lo que yo creo. No me extrañaría. El problema es que tiene el efecto secundario de meternos a todos en el mismo saco por asociación, y eso no nos hace ningún favor.

Iván Blanco | 7 de noviembre de 2010, 20:09

También es cierto que si Zuckerberg es realmente así, tampoco habría tenido sentido normalizar al personaje, sólo para que los nerds no se sientan ofendidos xD

No cabe duda de que una visión más positiva de los intelectuales en las historias de ficción podría convertir el cultivarse en algo más atractivo a los ojos de la gente. O no. Porque el cine está lleno de películas de empollones que, gracias a su inteligencia, se acaban ligando a la macizorra del instituto, y a pesar de ello el modelo por el que se sigue suspirando es el deportista cachas xD

Es difícil tenerlo todo en la vida. La gente que se pasa el día en el gimnasio no tiene tiempo para leer libros; y la gente que estudia mucho normalmente le queda poco tiempo para socializar, por lo tanto sus habilidades sociales suelen ser menores. Y las mentes especialmente brillantes, que están muy por encima del ciudadano medio (Sherlock Holmes o Albert Einstein, por ejemplo) es normal que sea gente rara, que se sale de todas las normas sociales, y ya no sólo por una cuestión de ineptitud social, sino porque su manera de ver el mundo a contracorriente prácticamente les obliga a no encajar en el medio.

Por supuesto, siempre existe gente a la que se le da bien todo, como Leonardo Da Vinci, que era un magnífico intelectual y artista y un estupendo atleta, pero claro, es que tipos como él suelen salir uno cada 100 años xD

David Laviè | 7 de noviembre de 2010, 20:17

Yo estoy de acuerdo con Iván, pero de cualquier manera, se dice por ahi que el Zuckerberg real conserva la novia que tenía cuando comenzó a trabajar en el proyecto Facebook bajo el nombre que fuera, y es esa la razón que abanderó para criticar fuertemente la cinta de Fincher (supongo que a mi tampoco me haría gracia que cogieran mi persona y le dieran la vuelta a ojos de todo el planeta).

No obstante, mi opinión es que no se puede crear una personalidad perfecta para un personaje, puesto que lo dejarías sin juego de carácter. Un personaje tan perfecto que todo lo hace bien y que sus decisiones siempre son las más consecuentes e intachables convertiría al personaje en predecible y, sobretodo, en aburrido. No tiene fuerza dramática presentar a un personaje perfecto y luego enfrentarlo a diversas crisis que sin lugar a dudas superará sin problemas. Todo Dios bajo las viñas del Señor tiene sus demonios, y el cine nos es una representación de la realidad, ES la realidad.

Iván Blanco | 7 de noviembre de 2010, 20:37

Más bien al contrario, el cine sí es una representación de la realidad, y por lo tanto es absurdo que se ciña a las reglas de la vida real. Puede que en la vida real sí haya gente perfecta a la que le vaya todo bien en la vida, pero cinematográficamente un personaje así no es interesante, porque como dice David, es predecible, y superaría todos los retos con facilidad. Sin conflictos, sin dificultades a superar, no hay emoción.

Esa misma es la razón por la cual, por ejemplo, Batman siempre ha gustado como personaje mucho más que Superman: el primero es más humano, más imperfecto, sus conflictos internos y externos son mucho más ricos, tiene muchas flaquezas. Superman es un ser casi omnipotente, cuyas únicas debilidades son la kriptonita y que sus seres queridos estén en peligro, es mucho menos vulnerable y por tanto suele despertar menos empatía.

Volviendo al párrafo inicial, el cine es una imitación de la vida, pero que tiene la capacidad de hacernos olvidar que todo lo que estamos viendo es una mentira, y hacernos sentir que es verdaderamente real. Ahí reside la magia del cine. Y, posiblemente, la mejor manera de lograr esa magia sea haciendo que los personajes sean lo más humanos posibles, que tengan vida propia.

David Laviè | 7 de noviembre de 2010, 20:50

Con mi última afirmación me estaba refiriendo más bien a algo como lo que dijo Dreyer: 'La distancia entre el teatro y el cine viene dada por la diferencia entre representar y ser.' Quería decir que el cine es un modo de realidad, que sea mentira no significa nada. Los espectadores lo tenemos que percibir como si fuera totalmente plausible dentro de la coherencia del propio relato, sino, es un mal relato. Me refería a que es indispensable que sea tan real como la realidad, es decir, que sea 'real', porque una representación sería solo eso, una imitación en términos reales, y perdería la cualidad de profundidad que aporta el séptimo arte.

Pero si, entiendo lo que quieres decir de que sea absurdo que se ciña a las reglas de la vida real. Lo que suele ocurrir es que plantea unas reglas que bien podrían ser las de la vida real, pero sin serlo, lo que lo convierte en una realidad alternativa que bien podría ser la verdadera realidad.

Me temo que voy a tener que escribir un artículo sobre todo esto xDDD Que da para mucho.

Iván Blanco | 7 de noviembre de 2010, 21:26

Lo cierto es que todo el tema de la dualidad representación/realidad no sólo da para un buen artículo, sino que bien se puede sacar toda una tesis doctoral (y seguro que alguna existe).

Personalmente, siempre he sentido una especial predilección por los directores que juegan a difuminar los límites entre ambas, llevando la suspensión de la incredulidad al límite, como Kenneth Branagh, que siempre tiende a dar a sus obras un marcado carácter de representación. Frente a Jean-Luc Godard que afirmaba que «La fotografía es verdad. Y el cine es verdad 24 veces por segundo» yo siempre he sido más de la postura de Brian De Palma, que siempre ha definido el cine como lo contrario: «Una mentira repetida 24 veces por segundo». Pero una mentira que nos gusta creer como auténtica.

Iacus | 10 de diciembre de 2010, 21:01

Siguiendo por la línea de los personajes, repito que no estoy diciendo que se haga un personaje perfecto, sé que las "Mary Sue" no son buenos personajes y yo soy el primero en detestar ese tipo de historias (no aguanto Kyle XY, por ejemplo)

Sin embargo, creo que en este caso en concreto se ha hecho mal en simplificar las motivaciones del personaje de Zuckerberg de tal modo. Sí, es más fácil que la audiencia lo siga (aunque me parece discutible que sea necesariamente mejor, drámáticamente hablando) y cosas como el final de la película, aunque un buen golpe de efecto, no sirven más que para hacer un mal servicio a la imagen de ciertos tipos de personas, con más razón en un pseudo-biopic basado en hechos reales.

Tiene gracia que menciones a Einstein y a Sherlock Holmes, i-chan ya que precisamente es a esa clase de personas a las que me refería.

Perdonadme ahora si empiezo a soltar tonterías porque lo que voy a comentar lo he basado en mi experiencia y conocimiento personal, y soy el primero en admitir que no estoy tan educado como me gustaría en estos temas, así que sed libres de corregirme.

En la clasificación de tipología psicológica de Meyers-Briggs se especula que tanto Einstein como Holmes (dentro de lo que se puede deducir de su comportamiento en sus historias) son del tipo INTP, que es uno de los tipos de personalidad más raros (presente sólo en un 1-4% de la población mundial). No me extrañaría que Zuckerberg fuera este tipo, o uno muy cercano. Otros genios de los negocios informáticos, como Bill Gates, también están en el grupo de los racionalistas (si no me equivoco Gates es ENTP) y todos los análisis de la personalidad coinciden en que los INTP suelen estar atraidos a sistemas como los de la informática (a los INTP se les conoce por el rol de Arquitectos).

Los racionalistas estamos muy solos en este mundo, es difícil que la gente "de a pie" nos comprenda bien, por eso me parece una oportunidad perdida reducir las motivaciones de Zuckerberg a las que se plantean en la película.

Siguiendo, retratar a Zuckerberg de manera más "fiel" no le convertiría en un personaje perfecto. Los personajes inteligentes, sociables y a los que aparentemente les puede salir todo bien no tienen por que ser un muermo en cuanto a drama. El ejemplo más claro es el del Doctor. El hecho de que prácticamente cumpla el ideal del superhombre de Nietzsche (aunque supongo que es "trampa" al ser alienígena" no impide que tenga sus momentos oscuros y sus defectos, grandes y pequeños (y quizá estés de acuerdo conmigo i-chan en que algunos de los mejores momentos de la serie son precisamente los que exploran este lado oscuro)

En fin, ya he volcado aquí mis ideas. Espero haber aclarado un poco ladirección en la que estaba pensando. Y si me equivoco en mi interpretación de algo, no dudeis en hacérmelo saber.

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