'Blue Valentine', un romance azul y atípico




El cine que vemos semana tras semana en las carteleras se centra, en mayor o menor medida, en crear realidades que nos hagan sentir mejor como personas, esas en las que empatizar con el bueno de la función no es una tarea ardua, y en las que el antagonista tiene un claro carácter anti-buenos-valores. No digo que no haya propuestas más sesudas, que las hay, ni que sean una minoría, que no lo son, sino que las grandes triunfadoras de los viernes nos desconectan en vez de conectarnos, nos abstraen en lugar de centrarnos. 

Por si fuera poco, a este lado del charco nos llegan más bien pocas propuestas arriesgadas, como es el caso de la cinta que hoy me ocupa. 'Blue Valentine', del debutante Derek Cianfrance es una clara muestra de esto que digo, tanto de la sinrazón que gobierna a los distribuidores de nuestro país como del tema de la realidad incómoda que señalaba en el anterior párrafo. 

En esta intensa espiral de emociones humanas, se nos narra la decadente historia de un matrimonio que va viendo desaparecer las posibilidades que brindaba la vida cuando eran aún jóvenes de espíritu. Cuenta como, con el paso de los años, el rencor y el agotamiento vital van haciendo mella de manera inevitable, y como los recuerdos acaban siendo la fuente primaria de buenos pensamientos. Es una crónica de un romance atípico, expuesto con gran sensibilidad y verdadero amor por el cine.

El cada vez más grande Ryan Gosling ('Drive', 'Los idus de Marzo') , un monstruo de la interpretación cuya ausencia en las nominaciones a los Oscar todavía no me explico, compone un personaje humano e inolvidable, una suerte de Casanova hastiado, que lucha con uñas y dientes por preservar lo que construyó por uno de los más puros y abnegados amores que hemos tenido la oportunidad de degustar en el séptimo arte. Cada mirada y cada sonrisa construyen un ser humano exquisitamente imperfecto, la perfecta réplica a la no menos asombrosa criatura de Michelle Williams ('Mi semana con Marilyn', 'Shutter Island'), que expone aquí todos los motivos por los que debería ser considerada una grande de la actuación (fue nominada a los Oscar por este papel, perdiéndolo ante la insuperable interpretación de Natalie Portman en 'Cisne negro'), dando forma con esmero y el alma desnuda a un personaje menos agradecido que el de su partenaire pero igualmente asombroso en su concepción y realización. No se me ocurren muchos momentos más bellos que el de esos dos jóvenes enamorados cantando y bailando en la entrada de un comercio cerrado, o más trágicos que la desolación de no poder hacer nada cuando todo se derrumba. 




El centro mismo del relato orbita alrededor de la pequeña hija del matrimonio protagonista, aunque su presencia actúa más como catalizador de la historia que como leitmotiv de la misma. Situaciones cotidianas, de esas que nos podrían pasar en nuestra propia vida, son aquí explicadas con una veracidad desarmante, y a los dos minutos de cinta ya no puedes —ni quieres— apartar la vista de un pedazo de vida que de antemano sabes que probablemente te deje un sabor amargo en la boca, como de hecho ocurre con una gran parte de los momentos reales que vivimos, muchas veces convencidos del triste desenlace pero aún así indispensables para nosotros, porque lo que se aprecia en estas historias es el viaje y no el destino. Como conseguimos o, por la contra, permitimos, que las cosas lleguen hasta el punto final en el que existimos, y esa es la baza que juega tan bien Derek Cianfrance, dotando en todo momento de una intensidad feroz a sus imágenes, mimando con absoluta entrega a unos personajes que viven detrás de la pantalla formando una historia de personas humanas, de relaciones que se crean y se destruyen habiendo pasado por un trayecto devastador. 



La vida es un proceso continuo de aprendizaje y revelaciones, y yo quería que la película reflejara eso. Realmente deseaba que la cinta se sintiera como si estuvieras dentro de esos momentos.



Esta interesante declaración del director, que trabajó en el libreto durante la friolera de doce años y escribió nada menos que sesenta y seis borradores, explica con sencillez la potencia de la premisa tratada anteriormente, que es la de aportar franqueza y autenticidad a los hechos por los que pasan la pareja protagonista. La cinta busca en las revelaciones una fuente de riqueza, tanto para bien como para mal, y apoyándose en ellas da forma a un armonioso puzzle que nos deja en su ocaso con el corazón en un puño. Sentimientos desnudos, almas atormentadas y fabulosas metáforas (esa 'habitación del futuro') son algunas de las cosas que harán de este filme una experiencia increíble.




Poco que decir acerca del guión, una especie de cóctel que mezcla —pero no agita— los recursos formales del séptimo arte y de la literatura, componiendo una ópera rock de resultados muy equilibrados, o de la fotografía —obra de Andrij Parekh—, aportando con oficio unos fabulosos encuadres que responden en todo momento a las necesidades de la historia y no al lucimiento. 

Poco que decir también de los secundarios, todos correctos en sus respectivos roles, aportando el ecosistema necesario para que toda realidad funcione, aspecto muchas veces subestimado por los filmes de protagonista absoluto. La importancia de unos buenos secundarios que aderecen las conductas y motivaciones de los protagonistas es de importancia capital para poder justificar los actos y los pensamientos de estos. 

Solo recomendar encarecidamente su visionado (únicamente la podéis disfrutar en versión original, pero dada la virtuosidad de sus interpretaciones casi mejor) esperando que halléis en esta pequeña obra de arte el gozo que encontré yo.

3 comentarios:

Ann | 4 de febrero de 2012, 13:31

Lo que más me gustó tras investigar un poco, fue el proceso de filmación: filmaron primero el comienzo de la historia, y después vivieron juntos (Ryan Gosling y Michelle Williams) durante un tiempo (no recuerdo si uno o tres meses) en la casa en la que viven en la película, manejando el mismo presupuesto que tendrían sus personajes, y celebrando Navidades y cumpleaños y viviendo como ellos, en definitiva.
Eso es lo que le da la credibilidad, la familiaridad a la segunda parte.

David Laviè | 5 de febrero de 2012, 4:42

Sin duda es un gran modo de trabajar, aunque claro, no todos los actores estarían dispuestos a pasar por semejante proceso. Es una suerte que aún queden intérpretes como este par de monstruos.

Iván Blanco | 5 de febrero de 2012, 21:47

Parece mentira que esta película todavía no se haya estrenado aún por estas tierras, ni siquiera en un mísero directo-a-DVD. A ver si el meteórico ascenso que está experimentando la carrera de Gosling en estos últimos tiempos anima a algún distribuidor caritativo.

Para que luego digan que las descargas matan la cultura xD

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