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Problemas de escala: De Brunelleschi a 'Buried' (I)

Con esta entrada iniciamos por fin la larga serie de artículos dedicados a analizar en profundidad el segundo largometraje de Rodrigo Cortés, Buried (Enterrado), estudio que quiero comenzar haciendo especial hincapié en lo que constituye la principal singularidad de la película: su escala. Y es que los limitados elementos con los que juega la película —un actor, un escenario de constreñidas dimensiones—, convierten posiblemente a Buried en el largometraje más minimalista de la historia del cine —obviemos algunos de los experimentos audiovisuales de Andy Warhol—.

Pero antes de empezar a hablar de la película en sí, me gustaría invitar al lector a reflexionar sobre el modo en que las dimensiones de un proyecto pueden llegar a convertirse en un obstáculo para su desarrollo y sobre cómo en circunstancias extraordinarias las soluciones convencionales pierden su vigencia y se hace necesaria la adopción de respuestas singulares. Y para ello momentáneamente vamos a dejar a un lado la temática cinematográfica de este blog, para centrarnos en un episodio histórico acontecido hace más de 600 años. Espero no aburrirles con la digresión.

A finales del siglo XIII, Florencia era una de las ciudades más prósperas de Europa. Su crecimiento económico y demográfico estaba siendo tan grande que el gran templo de la ciudad, la vieja iglesia paleocristiana de Santa Reparata, se había quedado pequeño y obsoleto, especialmente en comparación con las flamantes nuevas catedrales de Pisa y Siena, las otras grandes villas de la Toscana. Por ello, en 1293 las autoridades de la ciudad deciden construir una nueva basílica, un edificio que superase en grandiosidad a todas las demás catedrales de la época: Santa Maria del Fiore. El escultor y arquitecto Arnolfo di Cambio fue el encargado de diseñar el edificio.

Obviamente, la realización de tan vasto proyecto fue larga y requirió los esfuerzos colectivos de varias generaciones. Las obras comenzaron el 8 de septiembre de 1296. Un siglo más tarde ya se habían levantado los muros y techado las naves, pero todavía quedaba un gran problema por resolver: nadie sabía cómo construir la ambiciosa cúpula de más de 40 metros de diámetro que debía cubrir el presbiterio. La ambición de construir el templo cristiano más grande del mundo implicaba numerosos problemas técnicos. Una cúpula de tanto peso y magnitud no se podía levantar con los sistemas constructivos tradicionales, así que era necesario encontrar soluciones nuevas.

Pero la mayoría de constructores de la época solo sabían lo que habían aprendido directamente de sus maestros, los cuales jamás se habían enfrentado a retos técnicos de semejante calibre. De ahí que muchos fueran incapaces de aportar soluciones al problema o hicieran propuestas directamente absurdas, como la de un desconocido arquitecto de la época que llegó a sugerir que se llenara la catedral con tierra a fin de construir la cúpula encima del barro moldeado. La tierra se mezclaría con monedas para que, una vez finiquitada la construcción, los pobres vaciaran de nuevo la iglesia en busca del dinero.

Las dificultades técnicas paralizarían las obras varias décadas, hasta que en 1419 se convocó una competición para diseñar una nueva cúpula para la catedral. El concurso fue ganado por Filippo Brunelleschi, quien diseñó una ingeniosa cúpula de ladrillo de doble cáscara que, al ser autoportante —es decir, se sostiene a sí misma—, se podía construir desde la superficie sin necesidad de estructuras de soporte. Asimismo inventó toda la maquinaria necesaria para izar las piedras y nuevas técnicas de albañilería. Sus soluciones eran totalmente novedosas y sin precedentes. Y lo más sorprendente es que ni siquiera tenía formación como arquitecto, sino que era orfebre. ¿Cómo un simple joyero sin experiencia en el mundo de la edificación había sido capaz de resolver con tanto ingenio un problema al que tantos experimentados maestros constructores no pudieron encontrar solución?

Puede que Brunelleschi no tuviera experiencia ni formación como constructor, pero había viajado a Roma y tenía un profundo conocimiento de los monumentos de la antigüedad. Sabía que la cúpula del Panteón de Roma, con sus 43 metros de diámetro, era similar en dimensiones al proyecto que había que resolver en Florencia, así que estudió su sistema constructivo a fondo en busca de inspiración. Una vez comprendidos y asimilados los fundamentos de la colosal cúpula romana, Brunelleschi pudo idear sus propias soluciones adaptadas al contexto específico de la catedral florentina. Sus amplios conocimientos en dibujo, matemáticas y materiales suplieron su falta de experiencia práctica.

La construcción de la cúpula comenzó en 1420 y fue completada en 1436. En aquel entonces era la cúpula más grande jamás construida y a día de hoy sigue siendo la cúpula de albañilería más grande del mundo. En el momento de su culminación, Santa María del Fiore era la catedral más grande de Europa, con una capacidad para 30.000 personas. En la actualidad solo es superada, en tamaño, por la Basílica de San Pedro en el Vaticano, la catedral de San Pablo en Londres, la Catedral de Sevilla y la Catedral de Milán.

La construcción de la cúpula de Santa Maria del Fiore marca, en la historia de la Arquitectura, el fin de la Edad Media y el comienzo del Renacimiento. En oposición a la figura del pragmático maestro de obra medieval que construía formas sin teorizar o reflexionar sobre ellas, Brunelleschi encarna a un nuevo modelo de arquitecto, más cercano a la figura del científico o del inventor que a la del albañil, que no construye la arquitectura pero la piensa y conoce todos los medios para llevarla a cabo.

¿Y todo esto qué tiene que ver con Buried? Sobre ello profundizaremos en la próxima entrega del monográfico.


Fuente de las imágenes: Wikipedia


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Rodrigo Cortés y la publicidad

El 14 de marzo de 2007, justo dos días antes de que Concursante se estrenara comercialmente en salas de toda España, se daban a conocer los ganadores de la quinta edición del Notodofilmfest, aquel festival de cortometrajes al que Rodrigo había presentado Los 150 metros de Callao en 2002, y al que ahora regresaba en calidad de miembro del jurado.

Como ya saben, el jurado del Notodofilmfest está integrado en cada edición por varios realizadores de renombre que, además de ejercer como jueces, deben contribuir con un cortometraje creado específicamente para la ocasión. La aportación de Rodrigo para aquella edición fue Dirt Devil, una pieza satírica de apenas dos minutos que continuaba los planteamientos temáticos y estéticos de Concursante y en la que, una vez más, se volvían a exponer los absurdos del sistema, esta vez ejemplificados a través del filtro de una aspiradora. Una anécdota aparentemente simple e intrascendental a la que Cortés conseguía extraer un sorprendente rendimiento.



Dirt Devil ironiza sobre los presuntos beneficios que ofrece un determinado bien de consumo y, en consecuencia, adopta para ello las formas propias de un anuncio publicitario. Lo mismo sucedía con la célebre «escena catálogo» de Concursante, aquella que mostraba la inacabable relación de premios ganados por el protagonista de la película.


En las primeras entregas de este monográfico ya se dejó constancia de la falsedad de esos supuestos orígenes publicitarios y «videocliperos» que tantas veces se han atribuido erróneamente a Rodrigo. Si algunos de sus trabajos tienen una estética publicitaria se debe a las necesidades dramáticas de los mismos y no a que sean meros tics heredados de una práctica profesional previa. Por otra parte, afirmar que las películas de Cortés son «videocliperas» porque tienen una estética estilizada y un montaje sincopado solo demuestra un desconocimiento absoluto de la historia del séptimo arte. Como afirmaba hace años Rodrigo en una entrevista ofrecida a Cinencuentro:

«Ningún guardián de la moral debería escandalizarse con los recursos de Gondry, tildándolos acaso de “videocliperos” por sus secuencias de artesanía surrealista, porque Meliés, que yo sepa, no hacía videoclips. O a Thomas Anderson por montar, llegado el caso, “picadito”, porque Eisenstein ya lo hacía hace casi un siglo y le iba más Prokofiev que La oreja de Van Gogh.»

Con todo, es evidente que Rodrigo domina el lenguaje publicitario a la perfección, así que no es de extrañar que, tras el rodaje de Concursante, le empiecen a llegar las primeras ofertas para dirigir anuncios. Sus primeros trabajos publicitarios los hace para la agencia Entre3 Comunicación, para la cual realiza una media docena de spots, la mayoría para la Junta de Andalucía. El que aquí os traigo, curiosamente, corresponde a una campaña de concienciación sobre la economía sumergida. Parece que el pobre Rodrigo no se libra de la temática económica ni en la publicidad.


Tras su experiencia en Entre3, Cortés no tarda en ser reclutado por una de las agencias más importantes de España, Only925. Ahí empieza a hacer anuncios para grandes empresas. A continuación os dejo algunos de los spots que he podido localizar: dos para Kia, tres para ONO, uno para Findus, otro para Pharmagrip y otro para la Mutua Madrileña.









Por supuesto, es difícil encontrar indicios de la personalidad de Cortés detrás de todos estos anuncios. Son trabajos de encargo, elaborados sobre ideas de otros. Aquí la tarea del realizador no es la de expresar sus propias ideas, sino analizar con cuidado qué se espera de cada pieza y utilizar sus conocimientos para sacarles el máximo rendimiento.

Con todo, me parece importante mostrar estas obras para destacar la marcada vocación fílmica que desprenden todos los trabajos audiovisuales de Cortés. Ya veíamos lo increíblemente cinematográfico ―tanto en formas como en contenido― que era su videoclip para Travesura, e igualmente cinematográficos son todos estos anuncios, exquisitamente rodados ―desgraciadamente, la compresión de las copias de Youtube no le hace demasiada justicia a la calidad de los trabajos― y con un sentido del encuadre panorámico puramente fílmico. Es gracioso, pues, que digan que su cine tiene influencia de la publicidad y del videoclip, cuando en realidad son sus anuncios y sus vídeos musicales los que están llenos de cine.

Por otra parte, la rapidez con la que Rodrigo se ha visto obligado a encarar todos sus rodajes ―Concursante se rodó en 42 días y Buried en 17, cuando lo mínimo suelen ser dos meses―y su habilidad para inventar soluciones inmediatas lo convierten en un director muy apto para enfrentarse al frenético ritmo de filmación del mundo publicitario.

No obstante, a veces es inevitable que la personalidad del director salga a relucir, como sucede en este hilarante spot que astutamente nos hemos reservado para el final del artículo. Un anuncio de un minuto de duración en el que no se pronuncia una sola palabra y que podría perfectamente ser un corto. La planificación, el montaje y el uso de la música son sencillamente exquisitos.


Aquí ponemos fin a este repaso de la carrera publicitaria de Rodrigo Cortés, no sin antes darle las gracias a nuestra querida amiga P.R., sin cuya desinteresada colaboración no hubiera sido posible este artículo. En la próxima entrega, Buried.

Anteriores entregas del estudio Rodrigo Cortés:

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'Buried' en Blu-Ray y DVD | Continuación del monográfico

Como supongo que ya sabrán la mayoría de nuestros lectores a estas alturas, el próximo 15 de febrero se pone a la venta Buried (Enterrado) en DVD y Blu-Ray. Ambas ediciones vienen acompañadas de un buen puñado de contenidos extras:

  • Teaser.
  • Tráiler.
  • Making of.
  • Audiocomentario de Rodrigo Cortés.
  • Documental: Apuntes sobre la planificación.
  • Documental: Iluminando la caja.
  • Documental: Música bajo tierra.
  • Documental: Una serpiente en mi ataúd.
  • Documental: Efectos digitales: paso a paso.
  • Documental: Sangre y arena.
  • Documental: Breath no breath.
  • Entrevista a Rodrigo Cortés en el programa Hoy, con Iñaki Gabilondo.
  • Entrevista a Rodrigo Cortés en el programa Buenafuente, con Andreu Buenafuente.
  • Ronda de preguntas y respuestas en el Festival de Sundance 2010.
  • Clausura del Festival de Deauville.

Según las fichas de sendas ediciones consultadas en varias tiendas, la única diferencia entre los extras del Blu-Ray y del DVD es que este último no incluye el audiocomentario de Rodrigo Cortés. Lo cual, de ser cierto ―podría ser una errata―, sería una lástima porque el audiocomentario del director suele ser, al menos para un servidor, uno de los extras más valiosos que puede incluir una película ―y si el director es Rodrigo Cortés, más valioso aún― y es una pena que toda la gente que aún no se ha pasado al nuevo formato de alta definición no vaya a poder disfrutar de un extra tan suculento.

Asimismo, junto a estas dos ediciones, saldrá a la venta un Combo Pack exclusivo para tiendas Fnac, que incluye el Blu-Ray, el DVD y un libreto ―desconozco el contenido del mismo, aunque por la foto no tiene mala pinta―, presentados en una caja especial para coleccionistas. Además, si reserváis ya este combo en Fnac.es os lleváis de regalo el Zippo de la película (os juro que no me dan comisión por esto). Los precios de salida recomendados para cada una de las ediciones son: 18,95 € para el DVD, 19,95 € para el Blu-Ray y 23,95 € para la Edición Coleccionistas.


Aprovecho la ocasión también para anunciar que en los próximos días publicaremos nuevos artículos del monográfico dedicado a Rodrigo Cortés, después de un largo paréntesis de casi tres meses que seguro que a muchos lectores se os ha hecho eterno, a tenor de todos los comentarios que nos habéis enviado preguntando cuándo retomaríamos el estudio.

Eso sí, con vuestro permiso, lo haremos introduciendo un pequeño desorden cronológico, saltándonos la obra que ahora nos tocaba analizar, Concursante, dejando su examen para más adelante. La principal razón por la que el monográfico ha estado parado tanto tiempo es que aún no he terminado de organizar toda la parte del estudio centrada en la ópera prima de Rodrigo Cortés. Pero dado que sí tengo casi rematados la mayoría de los artículos que vienen después creo que será mejor ir publicando estos mientras voy finiquitando los que me están dando más guerra. Supongo que a aquellos que ya estén acostumbrados al habitual desorden narrativo de las obras de Cortés no les supondrá un problema que yo también recurra a «el tipo de orden que sigue un niño al vestirse» para estructurar este monográfico.

Por otra parte, quiero apresurarme a publicar el análisis de Buried antes de ver todos esos contenidos extras que incluye la edición doméstica de la película, pues creo que no tiene el mismo valor intentar deducir por uno mismo las razones que han impulsado a un artista a tomar determinadas decisiones creativas que limitarse a transcribir las palabras que uno ha escuchado de la boca del director. Por eso quiero exponer mi visión actual de la película antes de que esta se vea excesivamente condicionada por las explicaciones del propio Cortés.

Tal vez no tenga mucho sentido publicar estas reflexiones en este momento. Lo propio habría sido hacerlo hace cuatro meses, cuando la película se estrenó en cines. Ahora que el audiocomentario y los documentales con Rodrigo Cortés desgranando la película con todo lujo de detalles van a estar a disposición de cualquiera, este análisis quedará obsoleto, pues la única persona que conoce todos los pormenores de una obra de arte es su autor, y seguramente muchas de mis conjeturas sean equivocadas. En cualquier caso, creo que lo verdaderamente importante de un análisis no es tanto el acertar o no acertar las razones por las que un artista ha tomado determinadas decisiones creativas como todo el proceso de reflexión que conlleva detrás, aunque las conclusiones no sean coincidentes con la realidad de los hechos.

Además, he estado dedicándole demasiado tiempo a la preparación de estos artículos como para no publicarlos ahora. ¡Si hasta me tomé la molestia ―ante la imposibilidad, hace unos meses, de tomar capturas específicas de la película― de dibujar mis propios storyboards para ilustrar mis artículos! Después de haber visto la película dos veces, asistí a una tercera proyección equipado con una pequeña libretita para tomar apuntes y hacer bocetos de las escenas que más me interesaban. En cierto modo, fue una experiencia casi metacinematográfica, pues al mismo tiempo que Paul Conroy utilizaba la luz de su móvil para iluminar el ataúd, yo usaba la luz del mío para alumbrar mi cuaderno.

Os habréis dado cuenta que en todo momento estoy hablando de análisis, y no de crítica. A lo largo de todo de este estudio no voy a publicar ninguna crítica ni de Concursante ni de Buried. No me interesa. La red está llena de críticas de ambas películas, muchas de ellas escritas por gente más erudita que un servidor, así que os remito a ellas. Si bien es cierto que ambos conceptos son interdependientes e inseparables ―toda crítica implica un análisis previo, y todo análisis necesariamente conduce a un juicio crítico― lo que quiero enfatizar es que no me interesa tanto entrar a valorar si una película es buena o mala como estudiar los porqués ocultos detrás de las decisiones creativas.

Creo que los conceptos «bueno» y «malo» pueden llegar a ser muy relativos en función de la perspectiva con que se miren. Por supuesto, yo tengo mi punto de vista, que es personal e intransferible, y no tiene por qué coincidir con el de los demás. Que una película me parezca una obra maestra o una mierda pinchada en un palo creo que es algo que no le interesa a nadie más que a mí. Por eso, enarbolar una opinión personal como si de una verdad absoluta se tratara, como hacen muchos críticos, me parece una labor muy poco provechosa. Nadie va a cambiar su opinión negativa o positiva de un film por muchos argumentos a favor o en contra que yo pueda esgrimir sobre él.

Mucho más productivo me parece, en cambio, estudiar a fondo una obra para comprender por qué está hecha de esa manera y no de otra. Creo que es mucho más instructivo y didáctico para todos, tanto para los defensores de la película como para sus detractores. A los primeros, puede ayudarles a entender mejor la obra que aman; a los segundos, a ver que ese film que tanto odian también tiene aspectos de interés que tal vez habían pasado por alto. Y a eso nos dedicaremos en las próximas entregas de este monográfico.


Anteriores entregas del estudio Rodrigo Cortés:


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Rodrigo Cortés: Los inicios (III)

A lo largo de las primeras entregas de este monográfico hemos ido conociendo a algunos de los primeros camaradas artísticos de Rodrigo: Óscar Rodríguez, Miguelón… pero todavía nos falta hablar de otros dos compañeros de aventuras igualmente importantes: los hermanos Therón Sánchez, Roberto y Carlos.

Roberto y Rodrigo se conocen en el instituto, mientras cursan bachillerato. Ambos comparten la pasión por el cine así que enseguida se hacen amigos. Poco después, ya están trabajando juntos en el primer Súper 8 de Rodrigo, El descomedido y espantoso caso del victimario de Salamanca. Roberto ya tiene cierta experiencia en rodar películas domésticas, pues con una cámara Panasonic que su tía compra en Canarias, él y sus cuatro hermanos se pasan horas y horas grabando imitaciones de Martes y Trece, informativos… incluso se hacen sus propios dibujos animados y animaciones stop motion, a un nivel muy básico, por supuesto. Por aquella época, el pequeño Carlos aún no es más que un niño, pero tiene perfectamente claro que quiere ser director de cine. Así que, con el permiso de Cortés, Roberto lleva a su hermano pequeño al rodaje del segundo corto del orensano, Siete escenas de la vida de un insecto. Desde un rincón, Carlos se dedica a absorber todo el cine que por ahí se destila. Poco a poco, se convierte en una presencia cada vez más habitual en los rodajes de Rodrigo.

Su primer corto lo graba para el concurso Historias de un minuto y pico del programa Esta noche cruzamos el Mississippi. Trata de un chico que espera a una chica en un andén pero ésta no aparece. Al acabar el instituto, hace una prueba para estudiar Comunicación Audiovisual en una universidad privada pero no es aceptado y, al igual que Cortés, decide estudiar Historia del Arte mientras se forma como cineasta de manera autodidacta, siempre bajo la tutela del maestro Rodrigo, que le enseña a fijarse en la técnica y en la narrativa y le recomienda, sobre todo, ver mucho cine clásico. El orensano le transmite su pasión por el cine de Buster Keaton y le impulsa a estudiar la complejidad de sus montajes. No es de extrañar, pues, que el primer corto serio de Carlos —Comunica, una sencilla historia de un chico que hablando por teléfono en una cabina se fija en los zapatos de una chica— también sea mudo y en blanco y negro, al igual que los primeros trabajos de Cortés. En cierto modo es lógico: ¿qué mejor manera de aprender la narrativa que meterse en la piel de aquellos pioneros que tuvieron que ingeniárselas para contar historias sin poder hacer uso de la palabra, simplemente a base de exprimir al máximo el poder semántico de las propias imágenes?

Pronto Rodrigo empieza a involucrarse personalmente en los trabajos de su pupilo, participando en calidad de montador y supervisor de diálogos en tres de sus cortometrajes: La ley de Murphy (2000), Interruptus (2003) e Impávido (2007), todos ellos ganadores de numerosos premios. En los dos primeros, además actúa, y diseña los títulos de crédito del segundo —firmando con su pseudónimo, Gonzalo Giráldez—. Y aunque argumentalmente las historias que cuenta Therón no se parecen en nada a las de Cortés —Carlos practica una comedia de acción próxima al cine de Quentin Tarantino y Guy Ritchie—, se nota la mano del orensano en los textos y, sobre todo, en los trepidantes montajes marca de la casa, dejando en evidencia hasta qué punto una película es una obra colectiva y cómo el resultado final de lo que vemos en pantalla no es exclusivamente mérito del director, figura a la que a veces endiosamos en demasía olvidándonos de la impronta que dejan el resto de colaboradores.

De estos tres cortometrajes, tal vez el que más nos recuerde al propio cine de Cortés sea Interruptus. En primer lugar porque se nota mucho su mano en el montaje, y en segundo lugar porque en él volvemos a encontrarnos con muchos de los intérpretes salidos del Gran Café-Teatro de la Vega: Óscar Rodríguez, Miguelón, Ángel González Quesada, el propio Rodrigo… Entre ellos también está Roberto, que coguioniza el cortometraje junto a su hermano —que también hace un pequeño cameo al final del corto— y Alfonso Aranda.



Impávido está protagonizado por rostros mucho más conocidos para el gran público, como los de Julián Villagrán, Pepo Oliva, Nacho Vidal, Manolo Soto o Marta Torné, aunque Óscar Rodríguez y Miguelón también están presentes. Precisamente gracias a la web no oficial de la actriz puedo poner el cortometraje a vuestra disposición. Lamentablemente la compresión del vídeo reduce muchísimo su calidad y la enorme «mosca» de la esquina inferior derecha resulta bastante molesta, pero menos da una piedra.



Carlos también participa en la cuarta edición del Notodofilmfest, con el cortometraje Guerreros del Témpano, «la película más espectacular, entretenida e impactante comentada por su creador». Creo que Rodrigo no tuvo ningún tipo de participación en este trabajo, pero ya que estamos repasando los orígenes cinematográficos de Therón, qué menos que ponerlo también. Resulta bastante simpático y además nos demuestra, una vez más, que no es necesario disponer de grandes medios para hacer un corto interesante.


A día de hoy, Carlos Therón está afincado en Madrid y es todo un profesional reconocido. Ha realizado spots para productoras de primera división como 2con3 y Framestorming y videoclips para Una décima de segundo producciones, como los de El secreto de las tortugas, de Maldita Nerea —canción para la que graba dos clips, uno en 2006 y otro en 2007; en el primero realiza algunos juegos de pantallas parecidos a los ya ensayados por Cortés en Dentro— y Pirata del estrecho de Los Delinqüentes (2006). Junto a Antonio J. García —su director de fotografía habitual— crea su propia compañía de producción audiovisual: Producciones Líquidas. Rueda algunos documentales, entre ellos En la cuna del aire, que gana el Goya al mejor cortometraje documental en 2006. Monta y produce Miente, de su paisana Isabel de Ocampo, ganadora del Goya al mejor cortometraje en 2008. Ha dirigido algunos episodios de la exitosa serie de Antena 3, Los hombres de Paco, cadena para la que ha realizado también numerosas promos y cortinillas. Acaba de finalizar en Gijón el rodaje de su ópera prima, Impávido, adaptación al largometraje de su célebre corto. Dado que todos estos trabajos se salen de los límites de este monográfico, nos limitamos a mencionarlos de pasada, aunque puede que dentro de algún tiempo, coincidiendo con el estreno de Impávido, hagamos otro especial dedicado a repasar con mayor detalle los primeros trabajos de Carlos Therón.

Antonio J. García, además de ser el director de fotografía habitual de Therón, también lo ha sido de dos videos musicales de Cortés: Travesura, de José Luis Encinas —ya visto en la anterior entrega de este monográfico— y Vincenzo el italiano, de La banda del Capitán Canalla. Los lectores más avispados recordarán que en el último artículo se señaló que Cortés sólo había realizado dos videoclips antes de dirigir su ópera prima, afirmación fundamentada en unas declaraciones efectuadas por el propio director en marzo de 2007. Sin embargo, el historial profesional de García nos descubre, por sorpresa, la existencia de un tercer clip anterior a esa fecha. No cabe duda: esos flashes, esos juegos de texturas, ese enérgico montaje delatan al artista detrás de las cámaras. ¿Qué oscuras intenciones han podido impulsar al orensano a omitir este trabajo de su currículo? Supongo que habrá sido víctima de algún tipo de amnesia disociativa, porque no me imagino ningún motivo por el cual quisiera renegar de haber trabajado con cuatro gigantes de nuestra cultura como Andrés Pajares, Fernando Esteso, José Manuel Parada y Alfonso Aguado. Y es que, por si no fuera poco ser el autor de uno de los cortometrajes más premiados de la historia del cine español, del mejor corto de aspiradoras del mundo y de la mejor película ambientada en un ataúd, Rodrigo Cortés también puede presumir de haber filmado la largamente esperada reunión de Pajares y Esteso después de 17 años de separación profesional. ¿Quién da más?


Y no podemos acabar el artículo sin retomar a la persona que nos sirvió de excusa para comenzarlo: Roberto Therón. A diferencia de Carlos y de Rodrigo, Roberto desarrolla una larga trayectoria en la Universidad: se licencia en Informática, Comunicación Audiovisual y Humanidades, se doctora con una tesis sobre Robótica y actualmente desempeña labores de docente e investigador en la Universidad de Salamanca, donde es encargado del grupo VisUsal. Es obvio que con tanto trabajo no ha tenido demasiado tiempo libre para rodar, pero no ha perdido la vocación de contar historias. Además de coescribir Interruptus e Impávido, también ha escrito y dirigido un cortometraje, Desilencio, presentado en la primera edición del Notodofilmfest, aunque escrito originalmente para los Diminutos del Calvario (de ahí la duración de un minuto). En él volvemos a encontrar un montón de rostros que ya nos resultan familiares, incluido el de Rodrigo, que también se encarga del montaje y de los títulos de crédito —firmando nuevamente con pseudónimo—. Por cierto, no sé si os habéis fijado ya en que Rodrigo tiende a usar siempre una tipografía similar a la hora de diseñar las secuencias de títulos.


Y aquí ponemos punto final al repaso de los primeros trabajos de Rodrigo Cortés. En la próxima entrega ya nos meteremos de lleno en su ópera prima, Concursante, aunque os advierto que las sorpresas no acaban aquí, y que seguiremos dando a conocer trabajos de Cortés poco conocidos. Por supuesto, no quiero despedirme sin darle las gracias al mismísimo Roberto Therón, sin cuya desinteresada colaboración no me hubiera sido posible completar este artículo.

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Rodrigo Cortés: Los inicios (II)

En 1999 el director y productor mexicano Juan Carlos Rulfo —hijo del célebre escritor Juan Rulfo—, a través de su productora La Media Luna, pone en marcha una original iniciativa cinematográfica: diez jóvenes directores de su país son retados a rodar una película de un minuto de duración en un único plano secuencia disponiendo únicamente de una lata de 400 pies de película y medio día de rodaje. Puesto que la productora está situada en la calle del Calvario y el minuto de duración exigido está más cerca de lo “diminuto” que del corto, la iniciativa es bautizada como Diminutos del Calvario.

El 24 de octubre de 2000, coincidiendo con un especial dedicado al veterano realizador mexicano Arturo Ripstein, el programa Versión Española de La 2 emite como complemento los Diminutos del Calvario. La idea entusiasma tanto al equipo del programa que TVE, en colaboración con la productora Filmart, decide alentar la realización de una edición española de estos Diminutos. Para ello organizan un concurso de microguiones para historias de un minuto a rodar en un solo plano secuencia. Rodrigo Cortés es uno de los diez seleccionados —entre los cuales también se encuentran otros nombres hoy conocidos como Juan Antonio Bayona y Javier Rebollo—, contribuyendo con el segmento Dentro, protagonizado una vez más por Óscar Rodríguez. Se trata de una filmación de marcado corte experimental, en la que el salmantino demuestra que hacer un plano secuencia no implica necesariamente renunciar a los cortes de montaje, la multiplicidad de puntos de vista y el uso de diferentes texturas. Personalmente me recuerda bastante al estupendo arranque de Ojos de serpiente, de Brian De Palma.


En 2001, por iniciativa del realizador Javier Fesser, se celebra la primera edición del Notodofilmfest, un festival de cine que nace con la vocación de utilizar Internet como medio para descubrir y apoyar a los nuevos talentos, y darles mayor difusión de la que permiten los modos tradicionales de producción y distribución cinematográficas. Rodrigo participa en la segunda edición del concurso (2002) con el corto Los 150 metros de Callao, clasificándose como finalista al Premio del Jurado a la Mejor Película. Cortés coge una anécdota sencilla y cotidiana —el recorrido de un par de transeúntes por las calles de Madrid (atención al apellido de uno de ellos)— y le da un tratamiento de retransmisión deportiva, creando un efecto original e hilarante.


A finales del año 2003, por petición de Universal Music, realiza el segundo videoclip de su carrera, para el tema Travesura del músico de flamenco chill José Luis Encinas. De enérgico montaje y repleto de juegos de texturas, en esta ocasión sí que podemos reconocer el estilo de Cortés en cada fotograma. Lo más curioso es que el clip, que muestra al propio Encinas filmando las calles de Salamanca con un tomavistas súper 8, casi parece hecho más a la medida del propio realizador que a la del músico, pues nos remite a sus orígenes como cineasta autodidacta.


Llegados a este punto se hace necesario desmentir una falsedad que he visto repetida hasta la saciedad en cientos de artículos sobre el cineasta. Y es que se acostumbra a describir a Rodrigo como un realizador procedente del mundo del videoclip y de la publicidad, cuando lo cierto es que antes de dirigir su ópera prima el salmantino sólo había realizado dos videoclips —con cinco años de separación entre uno y otro— y ni un solo spot publicitario. Toda la labor publicitaria de Cortés es posterior a Concursante, y ni siquiera es especialmente numerosa. Una muestra de, hasta qué punto, el manejo superficial de determinados datos puede convertir a los medios de información en auténticos medios de desinformación. Y aunque fuera cierto que el salmantino tuviera esa larga experiencia en esos ámbitos profesionales, interpretar la estética videoclipera de sus films como un simple vicio heredado de una práctica profesional anterior denota una alarmante falta de capacidad analítica, en todo caso.

Durante todos estos años Rodrigo no sólo trabajará en sus propios cortometrajes, sino que también colaborará en los de su amigo Carlos Therón, en los que ejercerá las funciones de montador, supervisor de diálogos e intérprete. Pero sobre esta relación profundizaremos más en la próxima entrega de este monográfico.

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Rodrigo Cortés: Los inicios (I)

No es fácil rastrear los orígenes de Rodrigo Cortés Giráldez. Todas sus biografías lo señalan como gallego, y es cierto —la mala leche que tiñe cada cosa que se propone hacer da fe de ello—, aunque sólo por empeño de su madre. El señor Cortés y la señora Giráldez vivían en Madrid, pero pensaban que ser de la capital equivalía a no ser de ninguna parte, así que la señora Giráldez, natural de Pazos Hermos —un pequeño pueblo orensano «compuesto en su mayoría de gente apellidada Giráldez, y donde la endogamia entre las relaciones está haciendo estragos», tal como es descrito, en broma, por el narrador del falso documental 15 días—, decidió que su retoño también tenía que ser gallego y se marchó a su pueblo natal exclusivamente para dar a luz, y allí es donde nace el pequeño Rodrigo el 31 de mayo de 1973. Pero si le preguntáis de dónde es, él os responderá que de Salamanca, ciudad en la que ha vivido prácticamente toda su vida, durante tres décadas enteras, desde que tenía dos años hasta la preproducción de Concursante.

Ya desde pequeño se muestra como un niño muy precoz. Listo, inquieto, nervioso, vivo como pocos. Como el Cástor de 15 días. Y con un gran interés en el arte en general, sobre todo en el cine. En 1985 conoce a Óscar Rodríguez Martín, en quien Rodrigo encontrará un perfecto compañero de aventuras. A partir de entonces sus carreras artísticas estarán ligadas en una simbiótica colaboración de ideas. En 1989 —con tan sólo 16 años, y después de más de dos años en busca de financiación—, comienzan a trabajar juntos en el primer cortometraje de Rodrigo, El descomedido y espantoso caso del victimario de Salamanca, un homenaje mudo y en blanco y negro al cine de Chaplin y Buster Keaton, rodado durante los fines de semana con una vieja cámara de Súper 8. De este primer corto viene el nombre de la productora de Cortés, El victimario.

En esta misma época ambos entran a formar parte del Gran Café-Teatro de la Vega, modesta iniciativa vecinal que, con ilusión y entrega, pronto acaba convirtiéndose en el fenómeno más popular de la actividad escénica salmantina. Durante casi diez años, Rodrigo trabajará gozosamente en este atípico y descarado collage interdisciplinar de humor, música, danza e ilusionismo, escribiendo guiones delirantes, componiendo —dicen que toca el piano casi con la misma destreza con que dirige películas— y «actuando como el culo». A raíz de este café-teatro, Rodrigo, Óscar y Miguel Martín “Miguelón, forman un trío cómico al que bautizan como el célebre cuadro de Rubens, Las tres gracias. De ellos os dejo un desternillante número musical grabado en directo en el ya extinto Gran Teatro Bretón de Salamanca en 1999, en el que podéis ver a Cortés cantando al piano una canción de desamor un tanto peculiar.


Estas primeras experiencias teatrales tendrán gran influencia en el desarrollo de su carrera cinematográfica. Por una parte, el café-teatro será la cantera de la que saldrán muchos de los artistas que participarán en sus primeras filmaciones: Maribel Iglesias, Miguel Martín, Ángel González Quesada… Pero lo más importante es que sus proyectos cinematográficos heredarán el marcado carácter satírico de estas primeras representaciones escénicas; conociendo los orígenes cómicos de Cortés se entiende mucho mejor la omnipresencia del humor tanto en su obra como en su habla cotidiana. Sentido de la sátira que también parece haber heredado su hermano Roldán, investigador del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Universitat de Catalunya y uno de los responsables del hilarante proyecto amateur Tesis: el musical del cual posiblemente conozcáis su fragmento más célebre, ¡Me hago Doctor!, protagonizado por el propio Roldán.


A pesar del interés de Cortés por el séptimo arte, las dificultades para estudiar cinematografía en Salamanca hacen que se decante por Historia del Arte, carrera en la que básicamente sólo hay que estudiar en tres épocas del año, lo que le deja mucho tiempo libre para formarse como cineasta de manera completamente autodidacta. Los cines Van Dyck y la Filmoteca Regional de Castilla y León son las aulas en las que pasa miles de horas devorando película tras película; sus maestros son los mejores posibles: Keaton, Eisenstein, Hitchcock, Welles, Wilder, Kubrick, Rohmer, Allen, Coppola, Spielberg, Scorsese. Cortés se forja en la única escuela de cine válida para Quentin Tarantino, la del do it yourself. Al fin y al cabo, Comunicación Audiovisual sirve para aprender especialidades técnicas como sonido o iluminación, y ayuda a conocer gente y a hacer contactos, pero no se puede enseñar a nadie a ser Hitchcock. Si tienes interés, te fijas en cómo está montada una escena. La mejor manera de aprender a hacer cine es viendo cine.

En 1994, rueda su segundo Súper 8, también en blanco en negro y sin diálogos y con Óscar de protagonista: Siete escenas de la vida de un insecto, libremente inspirado en La metamorfosis, de Franz Kafka, influencia recurrente en la filmografía del salmantino. En 1996 se pasa a los 16 mm y rueda —tras comprender, por fin, que los títulos han de pronunciarse de una sola vez— Allegato, una pieza de animación con plastilina de dos minutos, con el David de Miguel Ángel como protagonista, y el discóbolo de Mirón y el pensador de Rodin como "artistas invitados". Se estrena en Tele 5 en las navidades de 1997.

A principios de 1998 es reclamado por Sogetel y Jabalina Records para rodar el videoclip de la canción Sick of you, del grupo salmantino Onion, para la película de Alejandro Amenábar Abre los ojos —es la que suena en la secuencia del accidente de coche—. La filmación, como es habitual en estos casos, mezcla imágenes del grupo y de la película. Se trata de un clip bastante clásico y atmosférico resuelto en muy pocos planos. Si bien se encuentra bastante alejado estilísticamente de sus trabajos posteriores, en él ya podemos detectar el uso de distintas texturas fotográficas para diferenciar lo que es “real” de lo que no lo es —en este caso, el sueño de Noriega—, recurso que será profusamente utilizado en su primer largometraje y, en menor medida, también en el segundo. Como curiosidad, también se puede decir que es la primera vez que Cortés monta imágenes de Chete Lera.


A raíz de esta filmación, Onion también participan en la banda sonora del siguiente cortometraje del director, Yul —rodado antes del vídeo para Abre los ojos, pero montado y sonorizado tras su conclusión—, historia de un inadaptado —«un cerebro en esencia bien armado pero con problemas de puntería», interpretado nuevamente por Rodríguez— con la que el realizador por fin da el salto a los 35 mm, no sin mucho esfuerzo y gracias a la ayuda de algún que otro crédito bancario —¡menos mal que aún no había rodado Concursante!—. Pero todos estos sacrificios se ven recompensados por la veintena de premios que el cortometraje obtiene de su paso por diversos festivales, entre ellos, el Universal Studios Award, que le brinda la oportunidad de realizar un máster intensivo de cine de dos semanas en los estudios Universal de Los Ángeles (Estados Unidos).

Pero es su siguiente trabajo el que le sitúa en el centro de todas las miradas como uno de los jóvenes realizadores más prometedores de este país: el mediometraje 15 días (2000), que en clave de falso documental nos narra la sorprendente historia de Cástor Vicente Zamacois —Óscar Rodríguez, una vez más—, «gran campeón intercontinental del escapismo educado» que logra vivir de manera extraordinariamente solvente durante más de dos décadas a pesar de no poseer ni una sola peseta. En él se pueden observar ya todos los rasgos identificativos del «estilo Cortés»: diálogos brillantes, montaje eléctrico, juegos de texturas, críticas al sistema y cantidades industriales de humor negro. Además de escribir y dirigir, Cortés monta, compone la banda sonora e interpreta un pequeño-pero-significante papelito. El cortometraje cosecha excelentes críticas, y consigue un total de 57 galardones en certámenes nacionales e internacionales, convirtiéndose en el más premiado de la historia del cine español hasta ese momento (1).



Seguiremos repasando los primeros trabajos de Cortés en el próximo artículo.

(1) Si no me equivoco, actualmente el récord lo tiene Alberto Ruíz Rojo, con su corto Diez minutos (2004), con más de 140 premios.

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Estudio: Rodrigo Cortés

Hace tres años y medio su ópera prima pasaba sin pena ni gloria por la cartelera española. Hoy, su segundo largometraje es estrenado simultáneamente en 4.000 salas de más de 40 países —la mitad de ellas en Estados Unidos—, algo inédito para una producción íntegramente española. Su nombre es Rodrigo Cortés y está destinado a convertirse en uno de los grandes nombres del cine español. Y tan convencidos estamos de ello que desde Positivando nos hemos propuesto realizar un monográfico dedicado al análisis de la breve-pero-intensa obra de este singular cineasta.

¿Se puede dedicar un estudio a un realizador que tiene en su haber tan sólo dos películas y un puñado de cortometrajes? Claro que sí. A mediados de los 90 ya existían numerosos ensayos dedicados a analizar pormenorizadamente la obra de Quentin Tarantino, cuando éste tan sólo había dirigido un mediometraje, un par de películas y escrito unos pocos guiones más. Análogo es el caso de Alejandro Amenábar, de quien ya se habían publicado unas cuantas monografías (1) cuando su filmografía todavía constaba únicamente de tres títulos. Y es que a veces un par de películas bastan para detectar a un futuro gran cineasta. ¿Acaso películas como Ciudadano Kane, El cuarto mandamiento, El diablo sobre ruedas y Tiburón no dejaban ya entrever los revolucionarios talentos que se encontraban tras ellas?

Un gran artista no necesita tener una gran producción a sus espaldas para ser merecedor de un estudio, puesto que sus obras suelen ser tan ricas que el simple análisis de una de ellas daría para rellenar páginas y páginas. Hay directores que, con dos o tres películas, ya han logrado aportar a la historia del cine mucho más que las filmografías enteras de muchos otros; ahí tienen el ejemplo de Terrence Malick. El arte es cuestión de calidad, no de cantidad.

También es cierto que no son pocos los casos de jóvenes artistas que, tras unos comienzos fulgurantes, ven cómo su talento se desinfla hasta acabar convertidos en una sombra de lo que algún día fueron. Aventurar que Rodrigo Cortés va a ser uno de los grandes del cine español es, sin duda, un riesgo. La vida puede dar muchas vueltas, y el que hoy es un creador arriesgado mañana puede acabar convertido en un mercenario que se gana el pan filmando mediocres telefilms de sobremesa. Pero creo que arriesgarse y salir en defensa de lo nuevo es una obligación moral del crítico, tal como explicaba el experto gastronómico Anton Ego en el célebre discurso final de Ratatouille:
«En muchos sentidos, el trabajo de un crítico es sencillo. Arriesgamos muy poco y sin embargo disfrutamos de una posición privilegiada sobre aquellos que ofrecen su trabajo y su persona a nuestro juicio. Gozamos con las críticas negativas, que son fáciles de escribir y de leer. Sin embargo, la amarga verdad que los críticos debemos enfrentar es que, en el gran orden de las cosas, un simple bocado de basura es más significativo que la crítica que lo califica de esa manera.

Pero hay ocasiones en que un crítico realmente arriesga algo, y esto ocurre en el descubrimiento y defensa de algo nuevo. El mundo es a menudo injusto con los nuevos talentos, las nuevas creaciones; lo nuevo necesita amigos.»
Muy poco mérito tiene decir que Hitchcock es un gran cineasta. A estas alturas, todo el mundo lo sabe. El mérito lo tuvieron François Truffaut y los cahieristas franceses, que lo supieron abrazar como maestro cuando en Estados Unidos apenas lo consideraban un hábil artesano. La reivindicación de los nuevos talentos me parece mucho más productiva que el culto indolente a las «vacas sagradas». Por eso encuentro mucho más estimulante dedicarle un monográfico a un cineasta que todavía se encuentra en el albor de su carrera que dedicárselo a maestros consagrados de la talla de Fritz Lang, Orson Welles o Stanley Kubrick —por poner sólo unos pocos ejemplos—, sobre los cuales ya existe una abundante bibliografía escrita por gente mucho más erudita, y a la que un servidor difícilmente podría aportar nada nuevo. Sobre Cortés, en cambio, se ha escrito muy poco, y a menudo de manera muy errónea o superficial, lo que hace aún más urgente un estudio detallado de su obra.

Los artistas evolucionan con el paso del tiempo y es posible que el Cortés de dentro de unos años poco se parezca al de hoy en día. Picasso comenzó su carrera pintando como los genios del Renacimiento para acabar su vida pintando como un niño. Es evidente que sólo después de la muerte de un creador se puede valorar con propiedad el conjunto de su obra, y es posible que dentro de unos pocos años las conclusiones de este estudio queden más que obsoletas. Sin embargo, creo que a menudo los primeros trabajos de un artista ya muestran indicios de su devenir ulterior. La obra de Picasso pasó por varias etapas radicalmente diferentes entre sí (período azul, período rosa, protocubismo, cubismo analítico, cubismo sintético), pero en todas ellas se reconoce a un mismo artista, una continuidad de discurso, de mirada. Lo mismo sucede, por ejemplo, con el cine de Amenábar: a pesar de lo radicalmente diferentes que son entre sí dos películas como Tesis y Ágora en ambas se puede detectar una serie de constantes estéticas y temáticas que nos revelan que son obra de un mismo cineasta. Así pues, el interés de un estudio como el que aquí proponemos reside en identificar los rasgos estilísticos presentes de un artista para dentro de unos cuantos años echar la vista atrás y comprobar cuáles de ellos han permanecido constantes y cuáles, en cambio, han evolucionado.

En definitiva, el objetivo de este monográfico no es más que el de ofrecer un primer intento de aproximación a la figura de un cineasta que dará mucho de qué hablar en el futuro, estamos seguros. Acercamiento un tanto incompleto, todo hay que reconocerlo, dada la escasez de documentación disponible sobre el artista y la dificultad para acceder a sus primeros trabajos, que harán que el estudio carezca de todo el rigor que nos gustaría, pero que en cualquier caso nace con vocación de convertirse en el informe más completo sobre Cortés que se pueda encontrar en la red hasta el momento. Desde Positivando agradecemos cualquier aportación de los lectores que ayude a corregir y a completar la información publicada en este estudio.

(1) Alejandro Amenábar. Cine en las venas, de Antonio Sempere (Nuer, 2000); Cómo hacer cine 1: ‘Tesis’ de Alejandro Amenábar, de Cecilia Vera (Fundamentos, 2002); Amenábar, vocación de intriga, de Oti Rodríguez Marchante (Páginas de espuma, 2002); La pantalla especular: Una lectura metatextual del cine de Alejandro Amenábar, de Santiago Juan Navarro (Letras Peninsulares, 2003); Alejandro Amenábar, de María Asunción Gómez y Santiago Juan Navarro (Cinéastes, París, 2003); algunos de ellos incluso traducidos a varios idiomas.

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