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Preestreno de 'Luces Rojas' y charla con Rodrigo Cortés


En primer lugar, y al igual que hizo David hace algunos días, debo disculparme ante los lectores de este blog. Han sido muchos los seguidores que nos han escrito preguntando por la continuación del estudio dedicado a Rodrigo Cortés, el cual lleva ya un año en pausa. Lamentablemente, mis actuales obligaciones académicas, laborales y familiares consumen la mayor parte de mi tiempo y de mis energías vitales. Mi intención es continuar el monográfico en un futuro no demasiado lejano, por el momento no puedo ofrecer garantías de cuándo lo haré. Aunque todos los artículos del estudio ya están escritos, necesitan una profunda revisión de estilo antes de su publicación definitiva —y como ya sabrán algunos, a menudo la corrección lleva más tiempo que la redacción misma—.

Afortunadamente, no todo son malas noticias, y hoy traemos algunas novedades relacionadas con el estreno de la última película de Rodrigo, 'Luces rojas', que sin lugar a dudas resultarán de interés para algunos de nuestros lectores. La primera de ellas consiste en que CANAL + os invita a asistir en primicia al preestreno de 'Luces Rojas' y a comentarla después con su director el próximo miércoles 22 a las 11:00h en la ECAM (Escuela de Cine y del Audiovisual de Madrid, C/ Juan de Orduña 3, Pozuelo de Alarcón —cerca de Kinépolis—). Tras la proyección, se grabará el 'Taller CANAL+: Rodrigo Cortés', en el que los asistentes podrán preguntar todo lo que quieran al director. La entrada es libre hasta completar aforo (100 butacas para los no alumnos de la ECAM). Más información en Nos gusta el cine.

La página web oficial de la película, www.lucerojas-es.com, ya está en marcha. En ella, además de encontrar la información habitual en estos casos (sinopsis, trailer, biografías), los fans más fetichistas tendrán la oportunidad de ganar los siguientes premios:

  • Un póster de la película firmado por Rodrigo. 
  • Un pack de merchandising formado por un bolígrafo, un bloc de notas y unas cartas Zener. Este kit también lo puedes conseguir en la web de Warner Bros.   
Próximamente publicaremos un post recopilatorio de vídeos y entrevistas relacionados con 'Luces rojas'

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Lecturas de cine. 'El guión', de Robert McKee



Toda película tiene cuatro figuras básicas: el director, el guionista, el director de fotografía y los actores. Todas ellas igual de importantes y definitivas a la hora de la creación de una obra cinematográfica, contribuyendo conjuntamente para que la ficción (o no) que se relata tenga verosimilitud, tempo, creatividad y calado. 

Es en la segunda, la figura del guionista, en la que se centra este texto, una lectura obligada para todo amante del séptimo arte, y más todavía si cabe para todo aquel que se quiera dedicar a la escritura de guiones, uno de los géneros literarios más infravalorados

'El guión', de Robert McKee (podéis adquirirlo aquí) es una obra que desmenuza la creación de guiones, hablando desde los aspectos básicos de los mismos (¿cuál es la diferencia entre escena y secuencia?, ¿cuál es la estructura que debo adoptar para contar esta historia?, ¿qué importancia real tienen los antagonistas?) hasta exposiciones más detalladas acerca de la narración o los distintos tipos de tramas y como cada una de ellas tiene sus propias convenciones. 

Habla así de la importancia de evitar los estereotipos y profundizar en los arquetipos, de dotar de deseos realizables a los protagonistas (un protagonista exento de deseo dará lugar, inequívocamente, a la ausencia total de historia), o de reducir la pretensión de ser un David Lynch en pos de escribir una historia inteligible y poderosa, todo ello apoyado en continuos análisis de grandes y reconocidos guiones como 'Chinatown', cuyo libreto firma Robert Towne o 'Un pez llamado Wanda', de John Cleese, además de claros ejemplos de estructura convencional, antiestructura, clímax, anticlímax, etc. 

Una lectura muy interesante incluso aunque tu pretensión no sea dedicar tu vida a tan poco agradecida profesión, pues después de su lectura la comprensión de las obras cinematográficas pasa al siguiente nivel y, además, te lleva a apreciar mucho más la labor de este profesional de la narración tan olvidado como es el guionista.

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'Hesher', el hombre indiferente



Existe una película para cada filosofía de vida. Para odiar el mundo, para amarlo, para sentirnos indiferentes o para indignarnos, para reír o para llorar. Esa es la gran virtud del séptimo arte, su increíble capacidad para en dos horas revolvernos el interior y sacar una faceta de nuestra personalidad que por las razones que fueran nunca nos habíamos sentado a estudiar, dejando que las vidas de los personajes que estamos observando como si la nuestra dependiera de ello nos impregnen hasta revolvernos el estómago o hacernos estallar en una sonora catarsis vital.

Cada uno de nosotros, los apasionados del cine, tenemos un filme para cada momento. Ya sea un 'Réquiem por un sueño' (2000, Darren Aronofsky) para reafirmarnos en la desolación o un 'La vida es bella' (1997, Roberto Benigni) para sonreír con indulgencia a la adversidad.

Hesher es un joven de entre veinte y treinta años que un día anodino aparece en las vidas de una familia con un modo muy particular de concebir la vida. Viste ropas harapientas, pelo desgreñado y expresión hierática. Es malhablado, desvergonzado y un poco bastante cabrón. Y con todas estas características, se mete de lleno en la casa de esta familia desestructurada por la pérdida de un ser querido. Tenemos a un padre catatónico, un hijo con demasiada libertad y poco cariño y una abuela en fase avanzada de demencia.

Vaya punto de partida, ¿verdad?. Esta historia, concebida por el hasta este filme cortometrajista Spencer Susser, mezcla comedia negra con melodrama existencial, escrita con preocupación por alcanzar un punto intermedio entre ambos géneros, tan en apariencia distantes. No faltan escenas en las que nos reiremos con verdadero gozo, obra en su mayoría de las ocurrencias del personaje principal, o momentos en los que se nos invita a la reflexión con las reacciones que logran en los demás los actos de Hesher.




El encargado de darle vida a tan particular personaje es el nuevo ídolo en lo que a cine independiente se refiere, Joseph Gordon-Levitt ('(500) días juntos', 'Brick'). Ofrece en esta cinta una actuación muy digna, capaz de transmitir la indiferencia con la que se supone el personaje afronta el mundo y a su vez la fuerte carga dramática y filosófica que deja en el paladar cada intervención suya, aunque en el momento nos pueda parecer lo más tosco y ordinario que pueda pronunciar una persona.

Sus discursos y su forma de ver la vida son las que, tras el visionado de la cinta, nos empiezan a coger forma en el cerebro, y de repente, y tras su final, empezamos a interpretar de un modo diferente al que habíamos creído ver durante su metraje. Lo cual es curioso, porque nunca habría podido imaginar que un personaje tan abiertamente desenfrenado podría guardar bajo sí unos actos tan catárticos. El filme corría el riesgo de caer en la burda parodia o en la comedia soez, pero gracias a un guión coherente consigo mismo y que se toma en serio lo justo, y a unas actuaciones más que logradas, podemos entrar en el juego de Hesher durante los 100 minutos que dura la obra y ponernos a pensar en todo lo que habríamos hecho nosotros de encontrarnos con alguien así en nuestra vida —aunque probablemente la respuesta sería darle una fuerte patada en el culo—.




Los secundarios, el debutante Devin Brochu en el rol de T.J., el pequeño que se ve envuelto por los delictivos actos de Hesher, una como siempre bellísima y brillante Natalie Portman ('Cisne negro', 'V de Vendetta') en el papel de la enamorada de T.J., que en esta cinta además produce, Rainn Wilson ('Super', 'Un rockero de pelotas'), uno de los hombres con el rostro más triste que he visto en mi vida, en el papel del atormentado padre entregado por completo a la desidia, y la femme fatale de Paul Newman en 'El buscavidas', Piper Laurie, aquí convertida en dulce abuelita, cierran un reparto cohesionado y variopinto, cuya máxima virtud reside en la sutileza y la contención de sus interpretaciones.

Es probable que muchos de los espectadores que se acercaron a visionar la película salieran escaldados por la irreverencia del protagonista, así como por la aparente frialdad con la que ocurre todo en el pueblo en el que acontecen los hechos (hablo por supuesto del público americano, ya que aquí, como es costumbre, no se ha estrenado), pero yo soy de la firme opinión de que si se observa con la suficiente atención y dejando que las situaciones se extrapolen a otras, podemos hallar un fragmento de vida de primera calidad y una historia distinta a lo que estamos acostumbrados a ver. No me he querido dejar engañar, y he conocido a unos personajes que ahora siempre me acompañan.

Todos necesitamos, en algún momento de nuestra vida, a un Hesher.

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'Matar a un niño', gran cine en nueve minutos




Cada año, con las nominaciones a los Goya y a los Oscar nos llegan un buen puñado de cortometrajes que siempre pasan desapercibidos entre la montaña de glamour que suponen las otras categorías, pero no por ello exentos de un gran interés. Es además una oportunidad para el gran público de acercarse a esta forma de arte tantas veces reducida a simple pasantía, que como una vez ya comenté, goza de convenciones y recursos formales propios, amén de una libertad de expresión mayor que el largometraje.

De todas esas nominaciones a grandes cortometrajes, hoy os quiero presentar a uno que seguro hará las delicias de todos vosotros: 'Matar a un niño', de César Esteban Alenda y José Esteban Alenda, nominado a mejor cortometraje de ficción en los premios Goya.

Se trata de una pequeña historia narrada de una forma poco convencional, a través de fotografías y otros recursos. Cuenta con una gran historia y un punto de partida de lo más llamativo. Pero cuántos cortos existen con esas características, os estaréis preguntando, cuántos que al final quedan en nada más que una brillante idea. Muchos, pero este no es el caso. Este lleva hasta el final un gran planteamiento y un gran modo de contarlo, con un excepcional blanco y negro y una carga filosófica superlativa.

Sin más dilación, os dejo con el cortometraje. No perdáis la oportunidad de verlo en HD desde YouTube, por cierto. 

Es domingo. Es el despertar feliz de un día desgraciado. A las diez en punto, un niño feliz va a morir.




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'Blue Valentine', un romance azul y atípico




El cine que vemos semana tras semana en las carteleras se centra, en mayor o menor medida, en crear realidades que nos hagan sentir mejor como personas, esas en las que empatizar con el bueno de la función no es una tarea ardua, y en las que el antagonista tiene un claro carácter anti-buenos-valores. No digo que no haya propuestas más sesudas, que las hay, ni que sean una minoría, que no lo son, sino que las grandes triunfadoras de los viernes nos desconectan en vez de conectarnos, nos abstraen en lugar de centrarnos. 

Por si fuera poco, a este lado del charco nos llegan más bien pocas propuestas arriesgadas, como es el caso de la cinta que hoy me ocupa. 'Blue Valentine', del debutante Derek Cianfrance es una clara muestra de esto que digo, tanto de la sinrazón que gobierna a los distribuidores de nuestro país como del tema de la realidad incómoda que señalaba en el anterior párrafo. 

En esta intensa espiral de emociones humanas, se nos narra la decadente historia de un matrimonio que va viendo desaparecer las posibilidades que brindaba la vida cuando eran aún jóvenes de espíritu. Cuenta como, con el paso de los años, el rencor y el agotamiento vital van haciendo mella de manera inevitable, y como los recuerdos acaban siendo la fuente primaria de buenos pensamientos. Es una crónica de un romance atípico, expuesto con gran sensibilidad y verdadero amor por el cine.

El cada vez más grande Ryan Gosling ('Drive', 'Los idus de Marzo') , un monstruo de la interpretación cuya ausencia en las nominaciones a los Oscar todavía no me explico, compone un personaje humano e inolvidable, una suerte de Casanova hastiado, que lucha con uñas y dientes por preservar lo que construyó por uno de los más puros y abnegados amores que hemos tenido la oportunidad de degustar en el séptimo arte. Cada mirada y cada sonrisa construyen un ser humano exquisitamente imperfecto, la perfecta réplica a la no menos asombrosa criatura de Michelle Williams ('Mi semana con Marilyn', 'Shutter Island'), que expone aquí todos los motivos por los que debería ser considerada una grande de la actuación (fue nominada a los Oscar por este papel, perdiéndolo ante la insuperable interpretación de Natalie Portman en 'Cisne negro'), dando forma con esmero y el alma desnuda a un personaje menos agradecido que el de su partenaire pero igualmente asombroso en su concepción y realización. No se me ocurren muchos momentos más bellos que el de esos dos jóvenes enamorados cantando y bailando en la entrada de un comercio cerrado, o más trágicos que la desolación de no poder hacer nada cuando todo se derrumba. 




El centro mismo del relato orbita alrededor de la pequeña hija del matrimonio protagonista, aunque su presencia actúa más como catalizador de la historia que como leitmotiv de la misma. Situaciones cotidianas, de esas que nos podrían pasar en nuestra propia vida, son aquí explicadas con una veracidad desarmante, y a los dos minutos de cinta ya no puedes —ni quieres— apartar la vista de un pedazo de vida que de antemano sabes que probablemente te deje un sabor amargo en la boca, como de hecho ocurre con una gran parte de los momentos reales que vivimos, muchas veces convencidos del triste desenlace pero aún así indispensables para nosotros, porque lo que se aprecia en estas historias es el viaje y no el destino. Como conseguimos o, por la contra, permitimos, que las cosas lleguen hasta el punto final en el que existimos, y esa es la baza que juega tan bien Derek Cianfrance, dotando en todo momento de una intensidad feroz a sus imágenes, mimando con absoluta entrega a unos personajes que viven detrás de la pantalla formando una historia de personas humanas, de relaciones que se crean y se destruyen habiendo pasado por un trayecto devastador. 



La vida es un proceso continuo de aprendizaje y revelaciones, y yo quería que la película reflejara eso. Realmente deseaba que la cinta se sintiera como si estuvieras dentro de esos momentos.



Esta interesante declaración del director, que trabajó en el libreto durante la friolera de doce años y escribió nada menos que sesenta y seis borradores, explica con sencillez la potencia de la premisa tratada anteriormente, que es la de aportar franqueza y autenticidad a los hechos por los que pasan la pareja protagonista. La cinta busca en las revelaciones una fuente de riqueza, tanto para bien como para mal, y apoyándose en ellas da forma a un armonioso puzzle que nos deja en su ocaso con el corazón en un puño. Sentimientos desnudos, almas atormentadas y fabulosas metáforas (esa 'habitación del futuro') son algunas de las cosas que harán de este filme una experiencia increíble.




Poco que decir acerca del guión, una especie de cóctel que mezcla —pero no agita— los recursos formales del séptimo arte y de la literatura, componiendo una ópera rock de resultados muy equilibrados, o de la fotografía —obra de Andrij Parekh—, aportando con oficio unos fabulosos encuadres que responden en todo momento a las necesidades de la historia y no al lucimiento. 

Poco que decir también de los secundarios, todos correctos en sus respectivos roles, aportando el ecosistema necesario para que toda realidad funcione, aspecto muchas veces subestimado por los filmes de protagonista absoluto. La importancia de unos buenos secundarios que aderecen las conductas y motivaciones de los protagonistas es de importancia capital para poder justificar los actos y los pensamientos de estos. 

Solo recomendar encarecidamente su visionado (únicamente la podéis disfrutar en versión original, pero dada la virtuosidad de sus interpretaciones casi mejor) esperando que halléis en esta pequeña obra de arte el gozo que encontré yo.

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Lecturas de cine. 'Mi primera película: Toma 2', de Stephen Lowenstein



No solo de cine vive el cinéfilo. Y es que gran parte de nuestro tiempo, los aficionados a este arte lo pasamos leyendo y escrutando datos con los que satisfacer nuestra enorme demanda de información acerca de un mundo del que siempre queremos saber más. No existe mayor satisfacción aparte de, claro está, disfrutar de una gran cinta, que hundir la vista en las páginas de un libro que arroje luz sobre aspectos que no paramos de preguntarnos; ¿qué habría de hacer si quisiera ser director cine?, ¿cuál es la labor exacta del director de fotografía?, ¿cómo eran los grandes genios del celuloide antes de convertirse en lo que son hoy?, son algunas de las preguntas que todo buen apasionado se ha hecho alguna vez, y la literatura sobre el séptimo arte, amén de la santa blogosfera y toda suerte de datos que nos afanamos en buscar en el vasto internet, son la principal fuente que sacia nuestra sed. 

El objetivo de esta sección es, por lo tanto, compartir lecturas de cine que por h o por b nos hayan resultado interesantes, ya sean ensayos, libros de técnica, de entrevistas o biografías. Espero que la disfrutéis. 

El volumen del que hoy me gustaría hablar responde al nombre de 'Mi primera película: Toma 2', y su autor es Stephen Lowenstein, y podéis adquirirlo aquí entre otros muchos distribuidores. 

El tema central son las entrevistas, que en este caso van dirigidas a grandes cineastas, centrándose en todo momento en sus óperas primas y en como consiguieron ya sea bien el presupuesto o el equipo para llevarlas a cabo. Esta obra tiene una primera parte ('Mi primera película'), pero si me centro en esta no es por otra razón que porque no he tenido oportunidad de echarle un vistazo a la primera. 

Richard Linklater, Richard Kelly, Alejandro González Iñárritu, Shekhar Kapur, Emir Kusturica, Agnès Jaoui, Lukas Moodysson, Terry Gilliam, Takeshi Kitano y Sam Mendes son los destacados directores cuyas conversaciones sobre sus comienzos nos podemos encontrar entre sus páginas, y si bien algunas son más escuetas y pobres, otras son de un valor verdaderamente incalculable. 

Entre los verdaderamente brillantes nos encontramos al señor Richard Linklater, director indie por excelencia, que nos cuenta con gran detalle como consiguió financiar su primer largometraje, 'Slacker', y como para ello tuvo que recurrir a todo. Muy interesantes son también las ideas de Alejandro González Iñárritu, que aquí nos explica la génesis de su espectacular 'Amores perros', su pasado en la radio y la televisión, y como todo ello fue definitivo a la hora de lanzarse con su primera cinta. 

Los comienzos siempre son duros, y aquí podemos leer opiniones de todo tipo, pero si en algo están todos de acuerdo es en que, si quieres dedicarte a algo, sobre todo si hablamos de un arte tan damnificado y prostituido por las grandes productoras como es el cine, debes sentir verdadera pasión por sacar adelante tu historia, tu criatura, pues es el único modo de hacerte un lugar entre los miles de obstáculos que te vas a encontrar. Si os interesan las opiniones de estos grandes maestros, no deberíais dejar escapar este tomo.

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2011, hubo paz para el cine



Resulta curioso que haya solo un post de diferencia entre esta lista de lo mejor de 2011 y la que publiqué hace alrededor de un año con respecto al 2010, lo sé. Lo primero que me he propuesto hacer es sin duda plantear mis disculpas por este abandono tan radical que ha sufrido el blog. Estoy acabando una carrera y compaginándolo con el trabajo, lo que me deja poco tiempo para escribir sobre esta mi gran pasión. Espero sepa el lector excusarme.

Pero no todo ha de ser palabrería, puesto que traigo conmigo mi lista (cómo nos gusta hacer listas de todo) personal e intransferible de lo que servidor consideró lo mejor del ahora terminado 2011.

Este año estoy contento con lo que a cine se refiere, pues me he podido permitir el lujo de incluir varios títulos españoles, lo cual es un placer, y en general siento que este año he visto grandes cintas. Como último apunte antes de entrar en materia, recordaros que tengo en cuenta las películas estrenadas en 2011 en su país original y no solo en España. Vamos a ello:


10. X-Men: Primera generación (Matthew Vaugn)


Corría el año 2000 cuando Bryan Singer daba el pistoletazo de salida en la gran pantalla a una saga mítica de la Marvel como es X-Men, con dos películas muy dignas que llenaron nuestros ojos con buenas historias y un Ian McKellen impagable. Once años después, tenemos una secuela apasionante, con un James McAvoy en las carnes de Charles Xavier (no necesita ni presentación) por fin expresivo y un Michael Fassbender demostrando que es uno de los mejores actores de su generación. Todo un regalo para los sentidos.


9. Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres (David Fincher)


Era este un arriesgado filme, con la alargada sombra de la cinta sueca homónima aún dando coletazos. Y es que los remakes siempre son una apuesta que los amantes del cine miramos con lupa, como si los estuviéramos juzgando de antemano (y yo no me excluyo). Pero esta vez me pudo el hecho de que el director era David Fincher, uno de los mejores narradores del momento, cuya trayectoria es una de mis debilidades. Interpretaciones de altura (increíbles Daniel Craig y Rooney Mara), atmósfera impecable, secundarios de lujo y banda sonora magnética (atención a los títulos de entrada, de los mejores que he visto), solo le pesa el hecho de aportar poco desde el punto de vista del enfoque a la primera adaptación de las novelas de Stieg Larsson.


8. La voz dormida (Benito Zambrano)


Llegamos a la primera cinta patria que incluyo en el ranking. Benito Zambrano, un artesano cuyo talento esta fuera de toda duda a pesar de su corta pero intensa filmografía, firma una película nostálgica y potente que tiene como marco la posguerra española y como target la historia de dos sensacionales mujeres (se agradece un cambio de punto de vista), donde el mayor aliciente será ver a una espectacular María León dando clases magistrales de interpretación.


7. Super 8 (J.J. Abrams)


Mucho se ha escrito ya acerca de esta cinta: que si copia de E.T., que si ejercicio de melancolía, que si demasiado bienintencionada. Lo cierto es que sí, muchas de esas acusaciones son sostenibles, pero lo que también es innegable es que aborda el tema de la juventud con direccionalidad, dando por fin al espectador niños que se comportan como tal, y mostrando un profundo respeto y admiración por las obras de los 80 de Steven Spielberg y Richard Donner. Podemos además disfrutar con la brillante interpretación de Elle Fanning (ojo al plano corto de la confesión) y de la solvencia tras las cámaras de J.J. Abrams, que hace aquí un gran trabajo.


6. No tengas miedo (Montxo Armendáriz)


Otra cinta española, esta vez incluso más dura si cabe que la anterior. No apta para todos los estómagos, no por sus imágenes sino por la carga emocional que lleva, nos narra una historia de abusos sexuales y decadencia personal. Muy grande Lluís Homar y no menos soberbia Michelle Jenner. Una película que deberían poner en las universidades.


5. Midnight in Paris (Woody Allen)


Y como no, aquí estoy de nuevo con mi viejo amigo el neoyorquino, el que nunca me defrauda. Pero esta vez se ha superado con una de las historias más divertidas que he visto el pasado año en un cine, que además es capaz de traer consigo una profunda reflexión sobre el paso del tiempo y como los seres humanos nos las apañamos para no estar contentos con nada. Woody Allen lo ha vuelto a hacer.


4. Hanna (Joe Wright)


He de decir primero que siento predilección por el estilo visual de Joe Wright, y en esta cinta, pese a que tiene la apariencia de ejercicio explosivo de su autor, no he podido sino sentarme a disfrutar de sus brillantes interpretaciones (ya he comentado alguna vez que la joven Saoirse Ronan es una de las grandes estrellas venideras) y su eléctrica puesta en escena. Un filme que no os dejará indiferentes.


3. No habrá paz para los malvados (Enrique Urbizu)


Y ahora sí, entramos en el Top 3, con la mejor película en muchos años, si no la mejor, que hemos conocido como industria cinematográfica. Enrique Urbizu consigue orquestar una increíble ópera de género, donde José Coronado compone uno de los mejores personajes que recuerde. Esa estructura, ese guión, ese final, son los que la convierten en el acontecimiento cinematográfico del año sino del siglo en España. Imprescindible.


2. Melancolía (Lars von Trier)


Este año tuvo dos grandes estrenos controvertidos, uno fue esta 'Melancolía', del danés Lars von Trier, y otro fue 'El árbol de la vida', de Terrence Malick. Mientras que a la segunda la considero la mayor tragedia que le ha acontecido a la cartelera del 2011, esta primera la estimo todo un evento de la profundidad, un filme que, aunque terriblemente ambicioso (no podía ser de otra forma viniendo de quien viene), nos graba en la retina algunas de las imágenes más potentes que hemos visto en una sala de cine, y una historia indescriptible —literalmente— acerca de la contradicción y la volubilidad de las personas. No es un filme que recomendaría a los cuatro vientos, pero no he podido resistir ponerla a esta altura de la lista.


1,5. La invención de Hugo (Martin Scorsese)


Este punto intermedio que me he sacado de la manga no tiene otra razón de ser que la de incluir en el top 10+1 esta maravilla que no había tenido oportunidad de visionar en el momento de redactar esta lista. El maestro Martin Scorsese, un cineasta que no ha hecho más que regalar Cine —en mayúsculas— al mundo del celuloide desde hace largos años, nos hace entrega con esta cinta de un joya de incalculable valor, toda una declaración de amor al séptimo arte en sí y a todos los que nos seguimos ilusionando como niños cada vez que nos sentamos delante de una gran pantalla. Tal es su magnitud y capacidad para enamorar que no he podido sino venir corriendo a incluirla en una lista ahora completa.


1. Drive (Nicolas Winding Refn)


Y cierro con la número uno, la gran obra contemplativa de otro danés, en este caso Nicolas Winding Refn. Por fin veo una historia de amor que me revuelve las entrañas, a un anti-héroe tan multidimensional como poco histriónico como el 'driver' de Ryan Gosling, una dirección que me paraliza, una banda sonora exquisita y, sobre todo, un tratamiento adulto de un relato de bajada a los infiernos. Por eso y por mucho más, es la mejor película del 2011.


Y así termino esta breve crónica de lo que fue, al menos para mí, un gran año en lo tocante al séptimo arte. Solo me queda instaros a que publiquéis vuestras listas en los comentarios y desearos un próspero año 2012 cargado de buen cine y éxito personal.

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